El Mundial de Rugby III

Arrancó el 2020. A pesar de tanta tecnología, de momento la tierra sigue girando, sobre sí misma y alrededor del sol, lo que hace que el tiempo no tenga freno. Un nuevo año, o lo que es lo mismo, 366 días para seguir disfrutando de nuestro amado deporte. Consigo abstraerme por unos segundos y enseguida me viene a la mente el 6 naciones, el XV de los Leones, las ventanas… Y de repente me despierta, no lo puedo negar, con cierta brusquedad, la angustia de saber si también serán 366 días de inversión, consolidación y difusión de los valores del rugby.

Por si acaso, y renovando la pequeña semilla que para ese fruto pretende ser este programa, me permito detenerme en el segundo detalle que quiero destacar del pasado mundial de rugby. Sí, hubo mundial, en 2019, aunque ya nos parezca tan lejano.

Si digo que la selección de Japón nos sorprendió, rápidamente aquel que haya seguido el mundial aunque sea a través de los highlights me dirá que los nipones fueron la revelación de la competición, con un juego rápido y alegre, que consiguió incluso derrotar a mi querida Irlanda. Pero yo no quiero quedarme en eso. Quiero ir a un precioso detalle, lleno de autenticidad, sencillez y rugby, que los jugadores de la selección tenían segundos antes de que el oval empezara a hacer de las suyas.

Cuando finalizaba el calentamiento, los 23 jugadores se retiraban caminando, en triángulo, en filas sucesivas, apoyando su mano en el hombro del que le precedía. Les invito a que lo vean. ¿Puede habar gesto más bonito que resuma lo que es el rugby?

No es casualidad que la retirada sea pausada, sin prisa, disfrutando del momento. No es casualidad que la retirada sea en conjunto, porque el rugby demuestra que es deporte de equipo en su máxima expresión. No es casualidad que se elija el hombro, ya que si en alguna disciplina hay que arrimarlo es ésta. Porque el hombro es de las partes que más sufren, y necesitan saber que ese dolor tiene sentido, porque siempre habrá una mano amiga que te apoye. No es casualidad que sea la forma de una flecha apuntando hacia adelante, porque aunque el balón tenga que retroceder, es un juego en el que se trata de avanzar.

Lo confieso. Vi todos los partidos de Japón que pude para no perderme ese momento. Confiando que quien como yo contemplara semejante belleza, empezará a creer o se reafirmara en que otro mundo es posible gracias al rugby.

 

El Cid Ovalador