El Mundial de Rugby II

Corríjanme si me equivoco. ¡Cuán difícil es hoy en día encontrar a alguien que sepa admitir que se ha equivocado! Sí, ya lo sé, la humildad no está de moda. Además, cada vez es mayor el número de personas que esperan el fallo del de al lado, para caerle encima con todo el equipaje. Y si hay votos de por medio, para que queremos más.

Pues barriendo para casa, el rugby es un deporte de tíos grandes y fuertes que deben aprender, y así se les enseña, a reconocer sus errores, a confiar que se puede porque hay otros que están al lado con plena disposición, y que si alguien del equipo falla, nada arreglamos con echar leña al fuego.

Trofeo de la Rugby World Cup

Traigo esto a colación, porque el primer gesto que nos dejó el pasado mundial y que merece ser recordado es la actitud de la World Rugby con los árbitros. Tras el primer fin de semana de competición, se cuestionó y mucho ya no tanto el nivel del arbitraje sino que éste no había estado a la altura de las circunstancias. Y podríamos destacar, entre todo el barullo, el generado por el partido entre los Pumas y los herederos del rugby champagne.

Desde nuestro humilde programa queremos felicitar la manera de gestionar esta situación que tuvo World Rugby.

  • Primero: no se escurrió el bulto, no se cerraron los ojos y los oídos. El error estaba ahí, era claro y flaco favor hubiesen hecho si no lo hubieran atacado. Es cierto que hay que respetar al árbitro, pero creo que en eso tampoco entra el todo vale y que con calma y paciencia, se puede hablar como personas civilizadas.
  • Segundo: no se escondió a la opinión pública que se estaba revisando el problema. Eso no nos hace más débiles, al contrario es una muestra más de fuerza y coherencia que nuestro rugby ha de regalar día a día.
  • Tercero y último: se puso solución. Todo lo anterior no hubiese valido para nada si no se hubiese tomado una decisión al respecto y solucionado el problema. De hecho, jugadores que no fueron sancionados en el campo sí lo fueron con posterioridad.

Por todo ello, nuestra más sincera felicitación. Que cunda el ejemplo. Que el arbitraje se siga considerando, de verdad, figura sagrada de nuestro rugby. Y que ellos mismos se cuiden y se formen para estar a la altura de las circunstancias. Y si por lo que fuera, tuviera que intervenir alguna entidad superior, que lo haga con el saber hacer, la autocrítica y la caballerosidad que se enseña y se estila en cada campo de rugby del mundo.

 

El Cid Ovalador