EL Mundial de Rugby I

Hace tiempo, no recuerdo bien cuánto, hubo una seria crisis en el mundo del vino. El gran tótem enológico se tambaleó porque botellas, de grandes vinos, mostraban en su fondo una cantidad, no sé si pequeña o pingüe de posos. Momentos de horror e indignación. ¿Se trataba de un error, de un estropicio o por el contrario era algo natural? Al final, el susto quedó solo en eso, y la crisis se convirtió en catarsis, en purificación. Un mensajito en la etiqueta indicando su presencia y su por qué, y todos tan tranquilos.

¿Ocurrirá lo mismo con el pasado mundial de Japón? 48 partidos después, dos meses después, el fenómeno mediático que supone su celebración pasará sin más, sin dejar poso o habrá un poso de calidad que aporte al rugby y al mundo un cambio a mejor.

Trofeo de la Rugby World Cup en su última edición en Japón

Habrá que luchar contra la inmediatez de este mundo que hace que todo pase y nada quede. Habrá que luchar contra un poso que se centre en lo meramente deportivo, lo meramente táctico y que trate de arrastrar y de ocultar el poso de los valores y la filosofía oval. Y no sólo allá donde el rugby ya está asentado y es el pan nuestro de cada día. Sino también en aquellos lugares y en aquellos corazones que por medio del mundial, se hayan acercado por primera vez al mundo del melón.

Con orgullo y satisfacción, y con una sonrisa en el alma, me atrevo a afirmar con rotundidad que este mundial ha dejado imágenes y gestos que por sí solos son escuela oval, son lecciones magistrales y son semillas para un mundo mejor.

La autocrítica inicial de World Rugby con el arbitraje, el jugador canadiense pidiendo perdón por su placaje en el vestuario sudafricano, los jugadores japoneses retirándose del calentamiento todos unidos, mano en hombre, el abrazo de Christian Lealiifano a su hijo tras perder la semifinal… ¡Qué injusto sería que pasarán sin más o quedarán sencillamente como alimento de la ñoñería y el infantilismo emocional que nos rodea!

Desde este humilde programa, fieles a su línea y su compromiso con los valores del rugby y su difusión, abundaremos en esta cuarta temporada para que cada uno de esos gestos tenga su momento y caiga en la cabeza y los corazones de nuestros alumnos para dar frutos ovales en un mundo que los necesita.

El Cid Ovalador