Vigo Rugby – 25 años de esfuerzo y perseverancia

plantilla vigo rugby 2013En aquella ciudad asomada a la ría, el mar que mueve a sus gentes influyó siempre en sus deportes: además de la marea de seguidores del deporte mayoritario, que refleja el azul celeste de las olas que acarician sus playas en los soleados días de primavera, las lenguas de tierra se unen desde hace siglos por bravos remeros que a golpe de palada desafían el mar y de navegantes que sueñan con aventuras más allá de las islas que cierran el horizonte y su imaginación. Es en ese lugar donde nace nuestra historia, una tarde de invierno a orillas de un mar que se iba convirtiendo en inmenso campo de trigo mientras el sol se escapaba y el balón ovalado pasaba de mano en mano en la playa de O Vao.

Todo empezó con el sueño de tres amigos que acababan de conocer el rugby en su exilio estudiantil: Eduardo Portela, Ramón Amoedo y Álvaro Saá. Aprovechando la vuelta a casa en las navidades de 1987, decidieron juntar a sus amigos y realizar un entrenamiento de rugby en los antiguos campos de tierra de O Vao, en una ciudad desconocedora hasta entonces de este deporte. Quizás por ese desconocimiento, el entrenamiento se vio interrumpido y tuvo que ser continuado en la arena de la playa, iluminado por los faros de los coches. La casualidad quiso que allí se encontrasen con otros chicos que también estaban jugando al rugby y que se unieron al grupo, creando así el germen de un equipo que, tras más entrenamientos y muchas reuniones, dio lugar el 1 de septiembre de 1988 a la fundación del Vigo Rugby Club, y de cuyo nacimiento este año se cumplen 25 años.

El pasado 12 de abril el club celebró esta efeméride por todo lo alto, y no es para menos: en estos 25 años el equipo masculino ha conseguido llegar a la División de Honor del rugby nacional, cuenta con equipo femenino, categorías inferiores y una nutrida escuela, tiene un sólido respaldo económico e institucional y es conocido y admirado en su comunidad, algo casi impensable aquella tarde de invierno.

Porque el camino no fue fácil, y mucho menos los inicios. El mismo año de su fundación, el equipo se inscribió en la segunda división gallega y jugó su primer partido en Lalín el 15 de octubre, partido que se convirtió en la primera victoria de la historia del club con un resultado de 3 a 35. El segundo partido sería el primero como local, pero el club no tenía campo tras las negativas de ayuda de las administraciones públicas y de otros clubes de la ciudad. Ante esta situación, los jugadores hicieron una llamada desesperada a los medios de comunicación: Atlántico Diario y Cope Vigo se hicieron eco y el club consiguió el alquiler del campo de Vincios para entrenar una vez a la semana y jugar los partidos, un campo de tierra dura los días de sol y barro los de lluvia.

Jugadores del Vigo Rugby trasladando los palos en sus vehículos al campo de Vincios, 1991

Y así pasaron 4 años, en Segunda Regional y en un campo de tierra, afrontando personalmente los gastos de desplazamientos, fabricación de palos, alquiler de instalaciones, compra de material, etc. hasta que en 1992 el club se integró en la Universidade de Vigo a través de un acuerdo de colaboración, adoptando su nombre y contando desde entonces con una casa: el campo de As Lagoas Marcosende, un buen campo de hierba y unas instalaciones idóneas para practicar este deporte. Este acuerdo permitió al club dar un salto de calidad, tanto a nivel estructural como en resultados, empezando a hacerse un nombre en el panorama rugbístico gallego y a conocerse en la ciudad.

En esos primeros años yo acababa de conocer el rugby gracias a las retrasmisiones que TVE2 hacía del V Naciones. Era un niño impactado por la contundencia de la delantera inglesa y por la estética del juego francés de Philippe Sella y Serge Blanco, que quería saber más y que no tenía donde buscarlo en una ciudad y en un país huérfano de referentes que me guiasen en este deporte.

Y en ese desierto apareció el Universidade como el único oasis que me ofrecía rugby, pero que implicaba muchas complicaciones. Al hecho de ser un niño (y por lo tanto no ser responsable de mi vida) había que sumarle la dificultad para informarse de los horarios de los partidos y la distancia al campo, ya que la Universidad de Vigo se encuentra fuera de la ciudad, en plena montaña. Pese a todo, alguna vez conseguí engañar a mis padres, enterarme de la hora del partido, reunir el dinero para el autobús, hacer una hora de Vitrasa de ida y otra de vuelta y perderme por el campus para poder conseguir mis primeros recuerdos de rugby en directo. Desde ese momento comprendí que ser amante del rugby no iba a ser fácil, pero con la perspectiva de hoy creo que todos los esfuerzos merecieron la pena, y aunque nunca llegué a jugar en el Vigo Rugby, lo considero también mi club y siempre me he alegrado de todos los éxitos que ha ido consiguiendo estos años.

Porque los éxitos fueron llegando, gracias al apoyo de la Universidad pero sobre todo a la labor y la ilusión de todos sus componentes durante años; directivos, técnicos y jugadores que trabajando con humildad hicieron subir al club peldaño a peldaño hasta llegar a la élite del rugby español.

En este camino hay un momento que destaca sobre el resto. En el año 2010 el equipo sénior casi baja a Primera Nacional (la tercera división del rugby español), lo que unido a problemas económicos situó al club cerca de la desaparición. Ante esta situación, los dirigentes decidieron hacer una apuesta fuerte y contrataron a un nuevo entrenador: David Monreal. Aunque de Hospitalet, David había jugado 5 años en Nueva Zelanda, tenía un gran conocimiento de las diferentes categorías de este país y apostaba por un juego vistoso y atrevido.

Con Monreal vino el gran cambio: el equipo se reforzó muy bien y la filosofía rugbística de los jugadores se hizo más fuerte. Pero además se trajo con él todo un lujo para un club tan humilde como el Vigo Rugby: logró convencer a su amigo Norm Maxwell, internacional en 36 ocasiones con los All Blacks y figura del rugby en Nueva Zelanda, para que viniese a jugar con ellos. Maxwell llegó al Universidade para echar una mano sobre el terreno de juego, pero las lesiones le relegaron a un banquillo desde el que aportó conocimientos y una forma diferente de ver el rugby, realizando un trabajo mental y espiritual que hizo mejorar a los jugadores tanto dentro como fuera de los terrenos de rugby.

El trabajo de David y Norm caló entre los jugadores, y de un equipo por el que nadie apostaba, consiguieron crear un grupo que fue ganando partido a partido hasta llegar a la fase de ascenso, colocándose a sólo dos pasos de lo que ningún equipo gallego había conseguido nunca: jugar en la División de Honor del rugby español.

El rival en esa fase de ascenso era un hueso, nada menos que el Madrid CRC, antiguo campeón de liga. Contra todo pronóstico, el Vigo Rugby consigue ganar en su campo por 11 a 6 y va a Madrid a defender su ventaja a sangre y fuego. Desde el principio el partido de vuelta fue duro, durísimo, conscientes los dos equipos de lo que se jugaban. A falta de 10 minutos para el final el partido estaba empatado; los madrileños necesitaban un ensayo y eran dominadores del oval, asediando a los vigueses en su campo. Fue en esos 10 minutos donde cristalizó el trabajo mental hecho por sus entrenadores: el Vigo Rugby se defendió en su línea de 5 metros de cada acometida del rival, sufriendo y sacrificándose en cada acción, hasta que el árbitro pitó el final. Con este resultado, el Vigo Rugby entraba en la élite por derecho propio, premiando así el buen trabajo de tanta gente durante tantos años.

La historia de ese año fue inmortalizada por el programa Informe Robinson en un maravilloso documental, que contribuyó a consolidar la imagen del equipo en el panorama rugbístico nacional.

Desde entonces, el Vigo Rugby lleva dos años en División de Honor. Años difíciles, donde las victorias han costado y se han peleado, pero que con mucho trabajo, esfuerzo y dedicación han ido llegando. Después de toda la temporada como colista, a finales de la primera temporada en División de Honor el equipo consiguió salir del puesto de descenso y salvarse, creyendo hasta el final en las posibilidades de salvación.

Foto del vestuario antes de debutar en División de Honor

Foto del vestuario antes de debutar en División de Honor

Y una situación parecida ocurrió esta temporada: tras haber ganado sólo un partido hasta las navidades, el equipo consiguió invertir la situación y encarrilar una racha de buenos resultados, llegando a derrotar a los líderes de la división cuando visitaban el campo de As Lagoas. Pese a ello, la salvación no está matemáticamente lograda, pero con la humildad, el esfuerzo y el sacrificio que caracterizan a este club seguro que lo conseguirán, y seguro que nos darán muchas más alegrías los próximos años.

Mientras tanto la popularidad del equipo sigue creciendo poco a poco: cada fin de semana de partido, incondicionales del rugby de toda Galicia recorren los kilómetros necesarios para animar al equipo en las gradas de As Lagoas, hasta los días de lluvia y temporal; las autoridades reciben al equipo y a su directiva, prometen subvenciones y entregan premios; la prensa habla de ellos cada fin de semana y hasta consiguieron que se televisase por primera vez en la historia un partido de rugby en Galicia.

Y aún en esta situación, el club sigue comportándose con humildad, trabajando día a día y preparándose para lo que le deparen los tiempos futuros. Por eso, desde blogderugby queremos felicitaros a todos los que habéis hecho posibles estos 25 años, por todo el trabajo realizado, por los buenos y malos momentos, y sobre todo queremos daros las gracias; gracias por haber creído en el rugby en un país de fútbol, por haber perseverado en los momentos difíciles y por ser un ejemplo a seguir en la defensa y promoción de nuestro deporte.

Celso Pérez Graña