Un muro de piedra

muro-rugbyCualquier jugador de rugby sabe que es imposible devolverle al rugby todo lo que te ha dado durante todos los años. Es tanto lo que nos da este deporte que no podremos recompensárselo. Junto al rugby se alcanzan niveles de felicidad inexplicables, es una relación inexplicable y sólo se puede saber si la vives. En el rugby existen dos conceptos que chocan uno con otro, el miedo y la superación de los límites con el sufrimiento compartido. Esto no ocurre en otro deporte.

Antes de calentar existe el típico ritual de las vendas y vendajes. Cada vez que el fisioterapeuta te venda, recuerdas el momento de la lesión, de quien te lo hizo, como ocurrió todo y con que equipo te pasó, recuerdas hasta el resultado final del partido y si el campo era de césped natural o artificial. Si te hace el vendaje típico de saltador, vives los momentos anteriores en una touche, ves la acción que estás a punto de hacer en unos minutos. Es un momento mágico, éste termina, el mister da el XV inicial y saltamos al campo, todos juntos, a calentar.

Éstas calentando, es muy curioso el análisis perfecto que hace cualquier jugador de rugby novato durante el calentamiento. Analiza cada parte del cuerpo del jugador rival: peso, altura, complexión, rapidez, velocidad, pase, etc. En ese momento te das cuenta que hay todo tipo de personas, de jugadores y todo junto con los típicos nervios de partido, más los nervios por el estreno, en ese momento eres un volcán a punto de explotar. Dependiendo del tipo de físico serás 3/4 ó delantero. Minutos antes de empezar el partido, te preguntas, si tú, a los jugadores que tienes enfrente, les transmites el mismo temor que ellos a ti. Es una duda que nunca podrás responderte así que si puedes evitarla, hazlo.

Se termina el calentamiento, entras en el vestuario, la concentración es máxima. Todos callados, sólo se oye la respiración de todos los jugadores unidos, el discurso del capitán, del mister. En ese momento no existe miedo, el temor ha desaparecido, te sientes el mejor jugador del mundo, tú y tus hermanos a punto de saltar al campo a luchar contra 15 animales más. En ese momento cualquier jugador de rugby es ajeno al mundo, a la realidad y a todo lo que le rodea, sólo existe el equipo, el club y el partido, nada más, no existe más información que la del rugby.

Cada uno de esos momentos son irrepetibles e incomparables. El mejor momento es cuando te enfundas la camiseta, ves a tus compañeros todos iguales, con el mismo escudo en el pecho y sabes que lucharán por la misma causa, lleva a tu club a lo más alto y honralo hasta que no tengas más fuerzas. Una vez que la camiseta te tapa el torso, el escudo esta encima de tu pecho, ya no hay nada más. Nada que pensar, nada que decir, ningún miedo ni temor. Sólo existe el equipo, tus compañeros y tú. En ese momento sabes que si lucháis juntos seréis un muro duro de piedra. Todos agarrados, el capitán en medio o cogido a tus compañeros y llega el grito de guerra. Salís en fila hacia el campo, con el capitán en la cabeza liderando a los veintidós hombres que lucharán por un mismo objetivo, la victoria.

La pelota se pone en juego, el apertura chuta el balón hacía territorio enemigo y hay que ir a por ella para recuperarla. Durante esos 80 minutos sabes que será una lucha constante y dura pero miras a tu alrededor y sabes que estarás bien protegido por tus otros catorce hermanos que están allí para ayudarte. Ni el dolor, ni los golpes, ni los placajes, nada te detendrá, eres una piedra que forma parte de un gran muro. Durante esos 80 minutos sólo quieres que tu equipo posea el balón, que tu equipo no deje de luchar, por eso en tu cabeza sólo existen las palabras, placar, empujar, sufrir, dolor, ensayo, comunicar, correr, luchar. En ese momento, en el del chut, sabes que se está a punto de escribir una historia que no sabes como terminará, lo que si sabes es que darás todo lo que tengas dentro de tu cuerpo para que el final sea el mejor posible.

Salud y rugby