Un modelo de cultura oval

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”. Este regalo, desde la gratuidad, nos dejaba hace tiempo el gran Machado. Sabias y profundas palabras que siempre estarán ahí esperando que nosotros las fermentemos. Tarea harto complicada en esta época en la que se nos pide que no miremos para atrás, que olvidemos lo que otros han dicho y hecho para llegar a donde estamos y que solo difundamos las cosas por redes sociales o whatsapp.

Por nuestro país han pasado los All Black a recoger su merecido premio Princesa de Asturias. Para aquellos que piensen que el reconocimiento ha sido al mejor equipo de rugby en cuanto a cifras y victorias se refiere les diré que en el fallo del jurado también se les premiaba por ser un conjunto que “refleja grandes valores como la solidaridad, la deportividad y la integración racial y cultural. Por conseguir que el deporte mantenga un vínculo con sus raíces y su patrimonio ancestral”.

¡Qué gran noticia para el rugby! Saber que alguien reconoce que las victorias sin un proyecto serio detrás se quedan pobres. Que los proyectos que unen campo de juego y vida merecen la pena. Que construir rugby dentro y fuera de los vestuarios contribuye al bien común.

Tristemente la cobertura que mayoritariamente se dio a la noticia se podría resumir en tres palabras: victorias, Lomu y haka. ¿Tanto costaba cavar un poco más profundo para hallar metal preciado? Entiendo, se trataba simplemente de salir del paso.

Pues si hubiesen metido la pala hubiesen encontrado un equipo que triunfa más por su cultura que por su técnica. Que la camiseta para ellos es algo sagrado. Que fomentan la autosuperación como punto de partida para mejorar en conjunto. Que se organizan en torno a un liderazgo bien trabajado y entendido. Jugadores que son All Black en todo, por lo que tienen que esforzarse también por ser mejores personas. Habrían desenterrado una selección cuya esencia se elabora con humildad, excelencia y respeto, barriendo los vestuarios. Jugadores que ante todo son personas conscientes de que han recibido un legado que deben dejar mejorado y enriquecido.

“Nunca perseguí la gloria” decía el poeta soriano. Un All Black tampoco. Solo busca el respeto a toda una cultura que se pone en juego cuando se patea el oval desde el punto central.

Pues eso.

El Cid Ovalador