The Big Red One – Los primeros nacidos

The-big-red-one-6Hoy empezaremos a entremezclar conceptos nutricionales con conceptos místicos, puesto que para todo delantero/a que se precie, gastronomía y religión son un mismo concepto único e indivisible. Veremos, a lo largo de siguientes capítulos, como son los dogmas del bien y del mal bajo el prisma de los “Primeros Nacidos”, los/as delanteros/as. Primero pasaremos a explicar el término “Primeros Nacidos” dejando para capítulos posteriores lo relativo a la creación del mundo y eso. Partimos de que el mundo ya está creado y el Supremo Creador dio vida al primer delantero y a la primera delantera para que se multiplicaran sobre la Tierra. Los creó a su imagen y semejanza, altos/as, robustos/as, firmes, tenaces, resueltos/as, valientes y, sobre todo, longevos hasta casi la inmortalidad, característica única en estos seres.

Esta pareja de “Primeros Nacidos” encontraron en la Tierra un hábitat único e inmejorable donde solazarse. La abundancia de fauna comestible era abrumadora y día a día descubrían nuevas utilidades a los diversos vegetales que crecían sobre el fértil suelo destinados a embellecer la Tierra y a servir de alimento a diversos animales que, de forma inexplicable, conseguían nutrirse de ellos. Las primeras utilidades fueron, como es lógico, la elaboración de cerveza, vino y licores espirituosos con los que amenizar el culto semanal que se ofrecía al Supremo Creador, los partidos de Rugby. Estas bebidas, por alguna razón, hizo que la población experimentase una explosión demográfica considerable y también predisponían a diversas actividades físicas tales como andar a gatas, recorrer distancias zigzagueando o mejorar la vista haciendo que se duplicasen los objetos. Con el aumento de la actividad, los Primeros Nacidos se encontraron con un inconveniente, el rozamiento. Al ser de constitución robusta e ir siempre en pelotapicá, ciertas partes de la anatomía tendían a rozarse continuamente y producir molestas erupciones cutáneas. Y aquí es donde entra la misericordia divina siempre dispuesta a proveer al necesitado/a. El Supremo Creador nos proporcionó la lechuga, para que con ella se confeccionasen toda suerte de prendas destinadas a las partes más íntimas sujetas al incómodo rozamiento. Esa y ninguna otra es la finalidad de la existencia de la lechuga en este mundo y cuando se lleven a la boca tan exquisito “manjar” acuérdense de su origen.

En diversas obras de arte podemos ver como los maestros pintores plasman a los Primeros Nacidos con tangas vegetales, normalmente con hojas de parra o vid. Craso error, puesto que ni la parra ni la vid están destinadas a servir de vestimenta, sino a producir uvas para su posterior transformación en vino. Es la lechuga el vegetal destinado a ello y se puede apreciar en la morfología de su hoja, adaptada perfectamente a las anatomías anteriormente descritas, es su forma cóncava la que permite el alojo y acomodo de las partes corporales expuestas al rozamiento. El concepto del mal vino a este mundo de la mano de la lechuga, pues ciertos especímenes empezaron a deleitarse en su consumo tergiversando de ese modo la voluntad del Supremo Creador de que sirva de alivio cutáneo. Pero, digo yo, que puede aportar ese vegetal a nuestro organismo? Desde el punto de vista de la física no tiene ningún aporte calórico, puesto que está mas frío que el hocico de un Husky, desde el punto de vista químico lo cosa pinta peor, puesto que su composición es mayoritariamente minerales y vitaminas, lo de las vitaminas es una leyenda urbana y que tenga un porcentaje tan elevado de minerales lo convierte prácticamente en una delgada, flexible y verdosa piedra. Desde el punto de vista histórico, se cuenta que los romanos la tomaban como aperitivo… ahí los tienes, se cayó el imperio romano y estos italianos no han vuelto a levantar cabeza. La física quántica y la astrofísica tienen estudios que corroboran la teoría de la vertiente dañina de la lechuga como alimento: la lechuga, al usarse con fines de adelgazamiento, o sea, pérdida de masa o peso y la extrema delgadez de la hoja de este vegetal, hacen que éste tienda a la nada, con lo cual, si ingerimos algo con tendencia a la nada y además lo disgregamos con nuestro metabolismo, hacemos que la lechuga acreciente su tendencia a la nada creando un micro-agujero negro en nuestro sistema digestivo, que, adhiriéndose a las paredes gástricas, la actividad succionadora de estos fenómenos nos producirá úlceras por doquier.

Analicémoslo desde el prisma empírico y veamos como aún seguimos teniendo la razón, si la luz es la verdad, la vida y el bien y la oscuridad representa todo lo contrario, veremos que la luz atraviesa parcialmente la hoja de lechuga, no es buena puesto que no deja pasar toda la luz y los rayos que la atraviesan lo hacen tergiversados, confundidos, teñidos de esa maldad verdosa que tan cobardemente oculta su naturaleza maligna. Y ya para acabar dejo una reflexión: De pequeños muchos teníamos gusanos de seda. A estos animalitos, que vivían en la sempiterna caja de zapatos con agujeros para la ventilación, se les alimentaba de lechuga principalmente y de hojas de morera. Y viendo este claro ejemplo, acaso no llegamos a la conclusión de que la lechuga es alimento de gusanos cuya única finalidad en la vida es convertirse en capullos???? Puntualizo que, una vez convertidos en mariposa no se alimentan de lechuga… O sea, que una vez metamorfoseaos los bichitos, y con algo más de nivel evolutivo, lo primero que hacen es dejar la lechuga!!!

Aún tenemos mucho que aprender de nuestros amigos los animales, no seamos más tontacos que los gusanos de seda, o corremos el riesgo de que nuestra meta en esta vida sea convertirnos en capullos. Acordémonos también de la alimentación holística y la intervención de los sentimientos, caracteres, etc. En el caso de la ingesta de lechuga nos estaríamos hartando de cinismo y caradurez, pues, que no hay nada mes fresco que una ídem. Enga, ahí lo dejo, sed felices y pedid como guarnición patatas, que lo de la ensalada clama al cielo!!!

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