THE BIG RED ONE – Guía nutricional para delanteros II

the big red one rugby RugbyBueeeeeno, ya estamos aquí con nuestra sección favorita: “la alimentación del delantero”. El capítulo de hoy, como ya os aventuré en el pasado (ver: Guía nutricional para delanteros I) , hace referencia al grupo de los “Complementos”, esos entrañables alimentos que acompañan a nuestras queridas y tan necesarias raciones de magras. Expertos en nutrición se empeñan en dividirlos y diferenciarlos en dos grupos, por un lado los CEREALES y por otro las LEGUMBRES. En nuestro caso los incluiremos en el mismo grupo y pasamos a razonar el por qué.

1) Ambos alimentos crecen en la tierra y no son de origen animal, grave hándicap que, como más adelante veremos, queda solventado.

2) Ambos acompañan igual de bien cualquiera de nuestros alimentos básicos favoritos, tenemos el ejemplo del Osobuco, acompañado magistralmente por el arroz (un cereal); y los Callos, acompañados inseparablemente de los garbanzos (una legumbre); y qué decir de la Fabada, esa sinfonía de magras y embutidos arropados por las eólicas fabes (también legumbre).

3) De ellos derivan alimentos tan apreciados como el pan (soporte indispensable para el grupo de las Mantecas) o la mismísima Cerveza y el Whisky, elementos fundamentales en nuestra liturgia diaria.

4) Y último y no por ello menos importante, no tiñen de verdoso nuestros menús preferidos; no se pueden considerar “mancilladores de platos”.

Los delanteros muy puristas suelen mirar con recelo a este grupo de alimentos. En su defensa argumentamos lo siguiente: Es cierto que tienen un origen vegetal y, por lo tanto, impuro. Pero en su favor diremos que, si bien nacen verdes, como toda verdura, mudan su color durante su ciclo vital en dorados y marrones en señal de arrepentimiento y vergüenza por su procedencia. Algunos, como los frijoles, se tornan rojos de ira al no verse en su adecuado lugar en la cadena alimentaria. Otros, como las judías pintas, enferman literalmente y se puntean cual sarampión mostrando así su disconformidad con su origen agrario.
Para redimirse ante los ojos de los delanteros, estos alimentos desarrollan unas capacidades insólitas para diferenciarse de los demás vegetales. Ya hemos comentado su coloración nada verdosa, también añadiremos su capacidad de mantenerse disponible para su uso durante largo tiempo: es muy usual ver un saco de garbanzos del cual se dispensan cantidades a granel (granel viene de grano) y nunca veremos un saco de lechugas, puesto que su frescura duraría menos que un segundo centro haciendo de pilier derecho.

Nutricionistas trescuartófilos defienden la postura de que, estos alimentos combinados, aportan los aminoácidos esenciales suficientes para formar proteínas de alto valor biológico… Po fale, po fueno, po malegro… no les falta razón. ¿Pero pa qué tenemos que jartarnos de granos para conseguir las proteínas necesarias? ¿No es mejor, en cualquier caso, jartarse de las tan apreciadas proteínas de alto valor biológico que nos aportan nuestros amigos los herbívoros que convertirse en uno de ellos? Seguimos la premisa de “menos es más” y con la dieta carnívora necesitas menos cantidad para conseguir la cantidad diaria recomendada de proteína necesaria que en otros casos. Los herbívoros se pegan todo el santo día pastando, necesitan meterle mucha enjundia al cuerpo para mantenerlo. Los carnívoros, con solo una ingesta al día tienen suficiente, y siempre será más ágil un león que un buey. ¿Qué somos, leones o huevones? Pues adelante, cofrades de la buena mesa, sigamos en nuestra línea que la Madre Naturaleza nos da la razón… y yo os doy deberes que tendréis que hacer, ya os dije que no sólo sería teórica. Buscad información y hacedme una redacción de al menos medio folio acerca del siguiente concepto: “CASSOULET”. Los que no sepáis lo que es os sorprenderá, garantizado.

Afectuosamente:

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