Rugby entre presos y policías

rugby-presos-policiasEsta es una de esas historias que pocos deportes te pueden ofrecer y sólo en el rugby podrás descubrir. Esperemos que os guste.

En 2010, en Buenos Aires, Argentina, se jugó un partido de rugby diferente, insólito y raro. Los equipos estaban formados por la Policía Metropolitana y los presos de la cárcel de San Martín, concretamente los de la Unidad 48. Algunos de ellos fueron los privilegiados que pudieron placar a los policías.

Cuando decimos que el rugby es un deporte especial, no nos equivocamos. De este deporte podemos escuchar muchas cosas, hay una frase muy famosa que todo jugador y aficionado del rugby conoce: el rugby es un deporte de hooligans jugado por caballeros. Esta frase tiene un significado: por más contacto y enfrentamientos que podamos tener con el adversario, el respeto al equipo contrario está por encima de todo. Es el valor más importante que transmite este deporte. Durante los encuentros no se permite la violencia y está gravemente penalizada.

El partido se jugó, concretamente, el 22 de octubre del 2010 en el Club Virreyes de San Fernando. Éste era un match diferente y se pudo comprobar, como otras tantas veces que se pueden juntar dos equipos totalmente opuestos en un campo de rugby, que cuando el árbitro da el silbido final los roces que haya podido haber entre ambos equipos quedarán en el césped y todos los jugadores se darán la mano como buenos jugadores de rugby que son.

El equipo de rugby de la Policía Metropolitana de Buenos Aires se creó poco tiempo después de los orígenes del cuerpo policial. El ministro de Justicia y Seguridad de Argentina, Guillermo Montenegro, es un fanático de este deporte y en el año 2009 se juntaron varios policías que habían jugado o les gustaba el rugby, y participaron por primera vez en un torneo inter-empresarial de la URBA. Esto decía Maximiliano Scarimbolo, oficial mayor de la policía: “Vamos a ver con qué nos vamos a encontrar”.

Las equipaciones del equipo de los reclusos de la Unidad 48 estaban cedidas por el CASI, el equipo se llamaba “Los Espartanos”. Las equipaciones de la policía Metropolitana estaban improvisadas en el último momento por ellos mismos y tenían quince camisetas justas, teniéndose que cambiar la camiseta con los suplentes para que así pudiesen jugar todos. Todos los jugadores que pisaron ese campo dejaron todas sus fuerzas y jugaron lo mejor que pudieron.

El capitán de Los Espartanos era Sebastián Laterza, joven recluso de 26 años. Llevaba tres años en la cárcel, aún le quedaban dos más, y era su primera salida al exterior por buen comportamiento. Hacía mucho tiempo que no veía a su madre, ésta al ir a verlo al partido y poderlo fotografiar con su nueva cámara de fotos, pudo disfrutar nuevamente de su hijo que hacía tanto tiempo que estaba encarcelado. La madre de Sebastían afirmó que “está en manos de Dios”, confía, y asegura que desde que integra el equipo de rugby ha sabido encontrar una nueva motivación positiva. Los Espartanos entrenan dos días a la semana, y en el equipo había varios jugadores de rugby veteranos.

El entrenador de la policía era el ministro Montenegro, éste decía antes de empezar el partido: “lo que importa hoy es jugar”. Alrededor del campo se podían observar policías armados por si había algún intento de fuga por parte de algún jugador de Los Espartanos.

El partido se dividía en tres partes de 25 minutos. Los primeros minutos del encuentro dominaron los policías, estaban cómodos en el campo, mientras que los reclusos se dedicaban a defender, aunque muy duramente y seguros. A los 15 minutos los Metropolitanos se adelantaban en el marcador, 0-5. En los primeros minutos varios jugadores fueron atendidos por algunos golpes sin importancia. En la segunda parte, después de haber estado defendiendo durante todos estos minutos de partido, los Espartanos hicieron un ensayo con transformación incluida, después de una buena combinación donde participó todo el equipo, 7-5. Pocos minutos después los policías volvieron hacer un ensayo, 7-12. Pero los reclusos tenían muchas ganas de llevarse el partido a casa, de darle la vuelta, y no iban a permitir perder el partido: hicieron el último ensayo del partido con transformación incluida y con él ganaron el encuentro, 14-12.

Con el pitido final, Los Espartanos celebraron el resultado con mucha alegría, los capitanes de ambos equipos fueron a saludarse y se fotografiaron frente los aficionados que habían venido a verlos, los periodistas convocados y los familiares de los jugadores y ambos dijeron, “Fue un placer”. Al terminar el encuentro el ministro Montenegro dijo, “lo más importante es que se pudo compartir sin que hubiera un solo roce”.

Tras la celebración del partido, los reclusos volvieron a la cárcel y los policías a su trabajo y monotonía habitual. Todo volvió a la normalidad, pero en la memoria de todos esos jugadores que participaron en el encuentro siempre estarán todos esos momentos vividos juntos.

Estamos seguros que ese partido para los reclusos fue volver a sentir la libertad y ser libres, aunque sólo fuese por 2 horas de su vida.

Salud y rugby