Por una patada a la gloria

80-minutos-rugby

SILENCIO, A PALOS.

Así se decidió la final de la Supercopa. Un golpe de castigo anotado en el minuto 80 por Gareth Griffiths fue el que puso la diferencia en el marcador y podríamos decir que también, sin caer en la tentación de ser simplistas, en el rácano y paupérrimo juego, en muchos momentos, de estos dos equipos. Porque ayer, a pesar de tratarse de dos plantillones no podemos decir que viéramos rugby de muchos ovales.

Salió el Quesos activado, con ganas de cortar desde el minuto uno la racha triunfal de su eterno adversario. Si bien el derbi del domingo anterior parecía no pesar en los jugadores, sí dejaba ver que en el banquillo quesero se había hecho un análisis minucioso de la derrota y se había definido cómo debía ser el tapón que cerrara la fuga de títulos del pasado curso: más kilos en melé, juego de touch seguro y no complicarse la vida en defensa, evitando a toda costa que se formará el maul. Pero esto duró veinte minutos, tiempo en que tardó en gastarse la gasolina extra plus de adrenalina trabajada en el vestuario y que convirtió esa parte del primer tiempo al Quesos en claro dominador.

A partir de ahí, un Chami dormido, en plena resaca y trasnochado, comenzó a carburar y aprovechando el bajón físico que se fue traduciendo en imprecisiones y penalizaciones, consiguió igualar el marcador, con el que nos iríamos al descanso, a pesar de que en los últimos minutos jugaron en superioridad.

La segunda parte comenzó con el mismo respeto por ambas partes y sin terminar, ninguna de las escuadras, de encontrar su momento y desplegar el juego que los caracteriza. El Quesos sufría mucho en melé, muchísimo, pero seguía controlando el tema de los maul. Consiguieron ponerse de nuevo por delante hasta que, una nueva tarjeta amarilla de los azules, fue aprovechada por los blanquinegros, que al toque de corneta y oliendo carnaza, consiguieron conectar el maul que supondría su único ensayo, que no fue transformado.

Y cuando parecía que se despertaban los fantasmas del pasado, el Quesos consiguió conectar la única jugada a la mano a velocidad de vértigo que supuso un ensayo de Castiglioni y el empate en el electrónico.

Nerviosismo y patadas fallidas fueron la antesala del último golpe de castigo que definió al campeón.

PUNTO Y A PARTE.

Realizado el análisis puramente deportivo, mi modesta y humilde Tizona quisiera hacer algunas consideraciones que permitan, ejercicios espirituales mediante, seguir haciendo de este deporte un deporte grande:

  • ¿Hasta cuándo vamos a ser testigos y cómplices de partidos en los que el respetable, incluidos jugadores, no sabe exactamente el tiempo que se lleva jugado, y por ende, el restante? Ayer por momentos me vi envuelto en un bucle, en un deja vu cuando en el ruck final Gavidi preguntaba con ansiedad al árbitro si se habían cumplido los ochenta minutos o no.
  • Felicito a los clubes por tener la deferencia de reservar entradas a los socios hasta el miércoles, evitando así que pudiera haber daños colaterales de especial gravedad como ocurrió en la final de Zorrilla.
  • Estos partidos siguen siendo un gran atractivo, y creo que podemos afirmar, que cada vez mayor en la capital del Pisuerga. Y levanto mi voz, para pedir con vehemencia que es necesario cuidar y preparar a aquellos que se acerquen como espectadores, para evitar que las gradas se parezcan por momentos a las de cualquier estadio de fútbol. Avisos a neófitos y veteranos.
  • Quizá para muchos pasara inadvertido, pero hubo gestos de mucha deportividad entre los jugadores en los que, causalmente que no casualmente, siempre había por medio algún jugador extranjero. Pienso, defiendo y abandero que es una riquísima aportación que se nos puede hacer y que se debe buscar, más allá de los puramente deportivo.

¡Dios salve al oval!

EL CID OVALADOR.