Placaje Alto, una novela de rugby

placaje-altoHoy, día 23 de abril,  y como no podia ser menos, en blogderugby.com hablamos de literatura. Muchos estaréis pensando ¿pero esto no es una web sobre rugby? y efectivamente lo es, pero es que el rugby y la literatura no tienen por qué estar reñidos como ha demostrado Àngel Lluís Carrillo, el autor de la novela Placaje altodonde nos habla de rugby, pasión, amor, y questiona la sociedad de la información y el morbo.

He de ser sincero, cuando compré el libro esperaba encontrarme con una historieta sencilla escrita por alguien con más pasión y ganas que talento, algo muy centrado en el rugby y de difícil digestión. Lejos de eso lo que he encontrado es una novela de los pies a la cabeza, bien estructurada y con un ritmo ágil de lectura. También no está exenta de reseñas y anécdotas en su justa medida que nos hacen aprender sin caer en la pesadez y la pedanteria. El lector rugbier la va disfrutar árdidamente, pues aparte de la empatía que le van a despertar sus personajes, también le aportará un conocimiento más amplio de la historia y filosofía del rugby. Hablamos de una novela, no de un tratado sobre Rugby: una persona que no tiene nada por mano el rugby también puede disfrutar de la historia que encontramos en las páginas de Placaje alto, pues el rugby es el hilo conductor por donde transcurre la obra pero no la obra en sí, y de paso conocerá un apasionante deporte y filosofía de vida.

En el siguiente enlace podéis encontrar el primer capitulo de la obra en descarga gratuita:

Leer primer capítulo de Placaje alto

Y para los que queráis más, en el siguiente enlace podéis comprar el libro:

Comprar Placaje alto

No voy a hablar más del libro, pues creo que una de sus bazas es que sorprende y no quiero minimizar la sorpresa. A continuación podéis leer la entrevista a su autor ( Àngel Lluís Carrillo ) con la que podréis haceros a la idea de por donde van los tiros.

angel lluis carrillo pujol¿Cual fue tu primer contacto con el rugby?
En la 2, antes también llamada UHF, los sábados por la tarde en días de invierno. Veía por la televisión a esos escoceses, galeses, irlandeses, ingleses y franceses jugar al rugby, un deporte del que aprendí con las retransmisiones, los periódicos generalistas que entraban en casa hablaban poco de rugby. No existía internet, los ordenadores eran Spectrum, así que uno tenía que buscarse la vida, y que mejor que grabar esos partidos invernales en cintas VHS para disfrutarlos después en verano.

¿Y después en qué equipos has jugado?¿Cual era tu posición habitual?
Jugué un año en el equipo de mi colegio, Turó, mi último año de “cole”. Después vino la facultad de medicina, y cometí uno de los mayores errores de mi vida, dejar de jugar al rugby, lo continuaba siguiendo por la televisión -el Plus ya daba el Seis Naciones-, pero abandoné los terrenos de juego, esos días de lluvia, fango y diversión. Jugaba de ala, llegaban pocos ovales, poquísimos. Que solo se siente uno tan lejos de la melé. Siempre deseé jugar de medio melé, un Peter Stringer con algo más de pelo, tampoco mucho más pelo.

¿Alguna anécdota que recuerdes en especial?
Durante un partido un jugador del otro equipo chutó el balón hacía el lugar donde yo estaba, al otro lado del terreno de juego, el bote me favoreció y me fui directo hacia la línea de ensayo, pero allí estaba su zaguero, me placó, me quitó el balón pero lo mandamos fuera del campo. Estábamos en su línea de cinco, sacamos la touche y conseguimos un ensayo, yo estaba al otro lado, esperando un balón que nunca llegaba, pero cuando conseguimos los puntos los delanteros vinieron a felicitarme por la jugada que había hecho. Fue el día que estuve más cerca de conseguir un ensayo.

¿Juegas al rugby actualmente?
Ahora no juego, dejé de hacer deporte hace varios años y no tengo tiempo de ponerme en forma, alguna vez lo he pensado, pero veo a mis dos hijos, mi mujer, mi agenda y doy un paso atrás.

¿Qué te ha dado el rugby?
Horas y horas de diversión. Un deporte colectivo con unos valores que están muy por encima de la media. El tercer tiempo te demuestra lo que es este deporte, el rugby une, tenemos algo en común, nos gusta este deporte, compartimos una afición. Compáralo con el fútbol, un deporte que parece querer levantar barreras a cada pase, a cada gol. Algunos jugadores de fútbol señalan su nombre al meter un gol, diciendo, “he sido yo”, pero tío si estás en un equipo, eres uno más, pero no, el fútbol es el deporte colectivo que premia la individualidad. En el rugby la victoria es de todos, la derrota también, y eres algo por tus compañeros, tú solo no eres nada.

¿Qué puede encontrar el lector en Placaje alto?
Una novela ambientada en el mundo del rugby. Lluís Pujol -que también es como se llamaba mi abuelo- vuelve a Tarragona para entrenar al equipo de la ciudad e intentar conseguir a una mujer que no ha podido sacarse de la cabeza. Cada capítulo está articulado en tres partes, en la primera la historia de Lluís, en la segunda la vida diaria del equipo y en la tercera el partido de esa jornada. Encontrará historias del mundo del rugby, desde el himno oficioso de la USAP hasta la derrota de los All Blacks ante Munster, una crítica al deporte profesional donde el dinero pasa por encima del deporte, donde la victoria a cualquier precio es un precio muy bajo.

En Placaje alto se tratan temas como el amor, la gente a la que se le ha pasado el arroz, capitalismo, espectáculo por encima de los valores, y una sociedad cada vez más deshumanizada. ¿Cómo te surgió la idea de utilizar el rugby como hilo conductor?
Creo que el rugby es la otra cara de los “nuevos valores” de la sociedad, sobre todo en nuestro país. 14 ediciones de Gran Hermano en España, el doble que en cualquier otro país desarrollado, esto es lo que tenemos y lo que deberíamos intentar cambiar.

El rugby es el deporte que más me gusta, y escribir esta novela me sirvió de excusa para leer más sobre este deporte, ver más partidos, informarme más, así que hice dos cosas que me encantan, aprender de rugby y escribir.

En la novela expones un mercado con un profesionalismo en el Rugby que no he podido evitar compararlo con el futbolístico español, ¿es en parte una crítica abierta a este mercado y monopolio que es el deporte rey?
Sí, es una crítica a este nuevo fútbol, “Fútbol moderno” lo llaman, un deporte donde el contacto se ha convertido en falta. Los partidos de fútbol se han convertido en una concatenación finita de engaños, 22 jugadores cuyo único objetivo es engañar al árbitro, con unos dirigentes encantados de que esto ocurra, un deporte donde todo el estadio sabe que no ha sido penalti, tienes las repeticiones en segundos, y el único que debería saberlo, el árbitro, lo pita, la “salsa del fútbol” lo llaman, esto es una tomadura de pelo. Como canta Calamaro, “soy de la quinta que vio el Mundial del 82”, el argentino vio el del 78. Yo crecí enamorado del fútbol, de ese Brasil, del Maradona de México, no me perdía un partido, vi todas las finales de la Copa de Europa hasta el año 2000, pero después lo dejé, ya no reconocía este deporte, ni los medios de comunicación que los rodeaban, todo lo ha podrido el dinero. Tenemos en España una Liga con dos equipos multimillonarios, que cobran más de las televisiones que ningún otro equipo del mundo, que cada día tienen más y más quieren, y jugamos una competición de 20 que sólo pueden ganar dos, vaya estupidez.

¿Después de casi 20 años desde que se profesionalizó el rugby y como veterano, es así como ves el futuro a corto plazo del rugby profesional?¿Hacia dónde apunta?
Creo que en el mundo del rugby se está intentando hacer bien las cosas, se es profesional pero se intenta mantener la esencia. No tenemos piscineros, se respeta al árbitro, las sanciones son importantes para los jugadores que cruzan la línea roja, algunos jugadores dan la nota, como Ashton, pero son una minoría, se mantienen los torneos clásicos, los Tests Matches, los jugadores tienen un buen comportamiento sobre el campo…

Lo que menos me gusta es que los jugadores están primando más el físico que la técnica, se ven jugadores enormes pero algunas veces cometiendo errores de infantiles -no todos, claro-, se busca más el músculo que el talento, y eso puede crear un deporte de choque y fuerza, abandonando otras facetas del juego.

El libro me hacía sentir que estaba en un futuro no muy lejano, donde el Rugby es un deporte de masas en España, ¿vamos en esa dirección?¿Hacia donde va?
No creo que el rugby sea nunca un deporte de masas, y lo cierto es que a mí tampoco me gustaría que algunos periodistas deportivos se metieran en el mundo del rugby. Aquí vemos los periodistas hablando de Fórmula 1 -son seguidores de Alonso, les importa un carajo el deporte, ellos son de uno y ya está, y cuando Alonso se retiré y no haya ningún piloto español se acabó la F-1-, o ver como comentan los partidos de tenis, sobre todo cuando juega Nadal, les da lo mismo el deporte, es el mío y quiero que gane. Por no volver a hablar de fútbol, donde un periodista llegó a decir durante una retransmisión: “Esta noche Bin Laden ha tenido lo suyo, ahora lo está recibiendo Mourinho”, creo que fue en un Barça vs Madrid, ese es el nivel. Tengo la suerte de saber algo de inglés, así que veo las retransmisiones en la lengua de la Pérfida Albión y me ahorro todos estos malos rollos.

Creo que en España falta mucha cultura deportiva, yo puedo ver la Ryder Cup de golf, un partido de las Series Mundiales d eBeisbol, la Super Bowl, la final de Wimblendon sin ningún jugador español disputándola…, y lo disfruto, porque me gusta el deporte.

Mis amigos futboleros dicen que adoran el fútbol, pero sólo ven los partidos en los que juega su equipo, te hablan de que el mundo ha quedado deslumbrado por la victoria de su equipo en la Champions, pero si no juega su equipo ellos no ven la final, tengo la teoría de que a la gente no le gusta el fútbol, le gusta ver a su equipo, la esencia del deporte les importa un comino.

El rugby en España creo que no sabe nadie hacia dónde va, parece que no iremos al Mundial, el equipo de Seven que funcionaba utilizan jugadores para el XV, no hay ningún jugador español mediático -que atraería a los medios de comunicación-, ninguna tele pública apuesta por el rugby… No conozco la solución, pero algo tiene que cambiar, algo debe moverse, pero no soy muy optimista respecto al rugby en nuestro país.

¿Cuaáto hay de Ángel Lluís en Lluís Pujol, el protagonista de la novela?
Si fuera entrenador me gustaría ser como Lluís Pujol, tomar la decisión que creo que es la correcta sin importarme lo que dicen los demás, lo que intento hacer con mi vida, aunque algunas veces no lo consigo. Si fuera periodista deportivo intentaría parecerme a Pau Romà, contar lo que ocurre guste o no a la gente, pero contarlo a mi manera, eso es lo que hago cuando escribo, contar lo que quiero y como quiero, no vivo de escribir, me gano la vida de médico, así que en el mundo de la literatura puedo ser yo.

¿Por qué tiene que ser siempre tan complicado el amor?
Porque la experiencia te lo va enseñando, paso a paso, para ir creciendo y darte cuenta de que no tienes ni idea del amor. Calamaro canta “no me canso de volver a empezar”, y eso es cierto, el principio siempre es lo mejor, donde habitan tus mejores recuerdos, después vienen las rupturas y de nuevo estás en el mercado, hasta que conoces a alguien que te quita las ganas de volver a empezar, formas una familia y el tiempo te lo da todo o te lo quita.

La música juega un papel fundamental en la novela, habiendo muchas y variadas referencias, pasando desde Calamaro a 50 Cent, ¿trabajaste especialmente este aspecto o simplemente iban surgiendo?
He escuchado mucha música, de muchos géneros, así que cuando voy escribiendo aparece la banda sonora de cada escena, en otras ocasiones ocurre al revés, escucho una canción y veo un personaje. Escuché “Feo, fuerte y formal” de Loquillo, allí vi un personaje, un tipo duro, un capitán. “Somos feos” de Calamaro, allí apareció un himno de un grupo de amigos o de un equipo de rugby, o también la canción de “Crucificame”, me recordó a un hombre criticado, al que todos quieren hundir pero sabe que se levantará.

Es muy arriesgado publicar libros en España y más aún con el rugby como hilo conductor, ¿qué repercusión ha tenido ante el público y en el mercado?
En España no se venden muchos libros, y de una editorial pequeña todavía menos, hablando de un deporte “minoritario” todavía cuesta más encontrar un público, pero como he dicho antes me apetecía escribir de rugby y lo hice. El editor me dijo que si hubiera ambientado el libro en el mundo del fútbol habría funcionado mejor, pero bien, no estamos aquí para hacer lo que los demás esperan de uno. “El libro no se ha vendido mucho, ha ido flojo como casi todo lo que se publica en España”, palabras de mi editor.

¿Estás trabajando ya en tu cuarta novela? Podremos encontrar algo de rugby en ella?
En unos días sale a la calle mi cuarta novela, “Tenir-ho Tot”, una novela en catalán, que habla de un economista al que todo un país quiere meter en la cárcel, cuenta en primera persona como llegó hasta aquí y que la gente lo juzgue por esto. ¿Somos intrínsecamente malos o son las circunstancias las que nos llevan aquí? Si preguntas a la gente si hubieran hecho lo mismo que Bárcenas, todos te responden que no, pues mira que mala suerte, de cuarenta millones de habitantes el PP fue a elegir al único corrupto del país para llevar sus cuentas, que casualidad. Siempre hablo un poco de rugby en mis libros.

“Podria haver fet les coses de forma diferent? És clar que sí, podria haver-me declarat a l’Alba quan era estudiant, podria no haver anat a Nova York, anar a Londres, allí trobar un altre noia i casar-me, viure a Bath per anar a veure tots els partits de rugby al estadi més bonic del món, podria haver triat una altra empresa per treballar, un banc, o millor una Caixa, que després s’enfonsa i tots surten amb els diners i les tones de favors que ens deuen els amics polítics, podria haver deixat l’empresa quan vaig veure la gentussa que la portava, podria no haver tornat per l’Alba, o no enganyar-la, o haver deixat l’empresa sense un euro quan l’abisme era sota els nostres peus, però no, vaig fer el que vaig fer, sense cap mala fe, únicament per aconseguir el millor pels meus clients i la meva empresa, i tot això m’ha portat a la solitud de la derrota, portar la meva “Flor de Lis”, com Milady, la dona d’Athos. Això sóc, un home marcat, el dolent d’un film on tots són bons, ells no eren avariciosos, únicament van fer el que van fer perquè demanaven diners i els hi donaven, quina culpa tenen? Jo la tinc tota, el pes de la civilització a les meves espatlles, el mal exemple, el traïdor, el fosc, el costat obscur de la moral, el carnisser de l’economia, quina culpa tenen el governs que van malgastar trilions d’euros? Quina culpa tenen els ajuntaments que van fondre milions d’euros? Cap. La culpa únicament té un camí que troba el seu destí a la meva ànima.”
En mi primer libro, “Fresas y Melocotones” tengo algunas referencias al rugby:

“También nos resignamos a que el rugby sea un deporte minoritario en este país que nos ha tocado soportar. La cajita animada del comedor sólo nos da algún partido nacional, otros pocos internacionales, el Cinco Naciones y el Mundial. Recordamos el equipo francés de Serge Blanco, Philippe Sella, Patrice Lagisquet y Pierre Berbizier que perdió la final de Mundial ochenta y siete contra Nueva Zelanda. Los “All Blacks” eran y son los mejores, pero ese equipo francés nos hacía soñar tras cada pase. También recordamos el partido entre Escocia e Inglaterra el día siete de marzo del noventa en Murrayfield, el campo escocés. Los nietos de Braveheart vencieron trece a siete. Los ingleses se pasaron casi toda la segunda parte a cinco metros de la línea de ensayo escocesa, pero estos aguantaron todas las envestidas y si el partido hubiera durado cien años abrían continuado manteniendo a los ingleses a cinco metros.”

“Creí encontrarlo en Buenos Aires. Allí conocí a Carmen, la mujer más hermosa del mundo. Una tarde soleada salí a pasear solo y me senté en una terraza a leer a Federico García Lorca. La Carmen está bailando por las calles de Sevilla. Tiene blancos los cabellos y brillantes las pupilas. Ella se sentó en otra mesa. Yo debía zarpar dos días más tarde, así que me acerqué a ella, pensaba en llevármela a la cama como hacía en todos los puertos que visitaba y después largarme con un “hasta la vista muñeca”. “Me llamo Jack, soy irlandés y me gustaría invitarla al café que está tomando”. “Me llamo Carmen, soy argentina y sería un placer que se sentará aquí conmigo.” Tras dos años de viajar por Suramérica mi español no era pésimo. Ese día sólo conseguí besarla en la mejilla. La noche antes de zarpar cuando volvía a la pensión la encontré paseando con un niño que llevaba la camiseta de la selección irlandesa de rugby. El chiquillo me contó que era un enamorado de este deporte donde treinta valientes practican un juego de brutos como caballeros. En el año cuarenta y ocho Irlanda ganó el Grand Slam; venció a Gales, Inglaterra, Escocia y Francia en el torneo de las Cinco Naciones. En el año cuarenta y nueve se llevó la Triple Corona, derrotó a los tres países de habla inglesa en el torneo de las Cinco Naciones. El año que yo estaba en Argentina, el cincuenta y dos, ese equipo irlandés vino a jugar aquí. El Club Pucará de Buenos Aires les venció, fue la primera vez que un equipo criollo vencía a uno europeo. El sobrino de Carmen estuvo allí y se compró esa hermosa camiseta verde.

En mi segundo libro, “Tarrako” también hay rugby, los protagonistas jugaban juntos a rugby cuando iban a la escuela, los viejos compañeros del equipo le salvan el trasero a uno, un partido de rugby sirve de colofón a la novela.

Y como no podía ser menos… ¿cuándo se deja de ser jugador de rugby?
Uno no deja nunca de ser jugador de rugby, una vez que entras en la melé es imposible salir de ella. Ahora que yo no juego intentaré que mi hijo juegue, si le gusta. Con mi hija está más complicado, prefiere el baile, vestidos y no le atrae mucho el balón. Los miércoles es el día que vemos todos rugby, les pongo los resúmenes del Súper 15, los equipos tienen nombres reconocibles, Kings (Reyes), Crusaders (los Cruzados de las espadas), Brumbies (Caballos), Chiefs (Indios)…

Hace un par de semanas vimos el Kings vs Brumbies, mi hija Alba, de 5 años, me dio el pronóstico del partido: “Ganarán los caballos porque corren más, por el campo, libres. Los Reyes siempre están sentados y comiendo sin hacer nada.” La sabiduría de los niños.