Los valores del rugby siguen vivos

Hoy en día el deporte, en general, se está olvidando de todos los valores que lo deben acompañar. En la gran mayoría de ellos ya no existe el respeto ni por el jugador, ni por el rival, ni por el árbitro; y en ocasiones tampoco por el público, que en muchos casos recorre largas distancias para disfrutar del espectáculo para encontrarse precios desorbitados y horarios intempestivos. En este panorama, hay un deporte en el cual este respeto aún sigue vivo: el rugby.

Todo empezó en 1823 cuando, en un partido de fútbol antiguo celebrado en un colegio de la ciudad inglesa de Rugby, a un estudiante se le pasa por la cabeza coger la pelota con las manos y correr hacia el campo contrario, naciendo así la leyenda más famosa sobre el nacimiento de nuestro deporte.

Por tanto, el rugby proviene del fútbol antiguo, como otros deportes, aunque con evoluciones diferentes. En este juego antiguo, de creación medieval, existía una regla que prohibía pasar el balón hacia delante, regla que el rugby heredó. La evolución posterior del rugby fue haciendo que la diferenciación con el fútbol creciese, sobre todo en los siguientes aspectos:

  • El balón es ovalado en vez de redondo.

  • Se juega con 15 jugadores de campo en vez de 11.

  • Además de con los pies, también se juega con las manos.

Con el tiempo, al igual que el fútbol, el rugby se ha convertido en uno de los deportes más seguidos del mundo. Normalmente, cuando un deporte se populariza acaba cambiando. En el rugby, en cambio, no ha sido así; siguen intactos todos los valores que lo sustentan desde hace casi dos siglos: desde pequeños, y en todas las escuelas de rugby, a los niños se les enseñan todos los valores que rodean a este deporte y se les obliga a respetarlos, ya que se es jugador de rugby tanto dentro como fuera del terreno de juego.

En España el rugby aún es un deporte amateur y minoritario; aunque en los últimos años ha tenido un gran aumento de fichas federativas (actualmente rondan las 17.000). Pero cuando cruzamos la frontera, vemos que en otros países el rugby desata grandes pasiones y los medios de comunicación le dan la misma importancia que al fútbol, llegando incluso a ser el deporte principal en varios lugares, como ocurre en Nueva Zelanda, Gales, Irlanda, etc.

En estos países el rugby es más que un deporte; es un sentimiento: en Escocia, por ejemplo, cuando el equipo nacional gana a Inglaterra el país entero es una fiesta, el partido queda grabado en la memoria colectiva y se convierte en una gesta recordada. Y lo mismo ocurre al contrario cuando pierden: en ciertos casos esa derrota es recordada durante mucho tiempo, esperando ansiosamente nuevas oportunidades para quitarse esa espina clavada. O en Gales, donde el Millenium Stadium de Cardiffes el principal monumento del país y, como pasa aquí con el fútbol, los días de partido se cortan todas las calles adyacentes para facilitar el acceso a éste; un estadio que en cada partido se llena de gente que ama el rugby.

Y aunque el primer campeonato mundial de rugby forma parte de la historia reciente (se jugó en 1987), desde entonces la final de esta competición es el cuarto acontecimiento deportivo más visto en el mundo, sólo superado por las Olimpiadas, la Superbowl y la final del Mundial de fútbol. El premio entregado al campeón lleva el nombre de aquel muchacho que recogió la pelota del suelo, la Copa Webb Ellis, que sólo en una ocasión fue ganada por un equipo del hemisferio norte: la selección de Inglaterra, el XV de la rosa, en la edición de 2003. Y es que el hemisferio sur se muestra hegemónico en este deporte, con grandes potencias mundiales como Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica y Argentina; y otras de primer nivel como Samoa o Fiji.

Collegiate Old Boys Isle Of Man tour, Easter 1956. Foto facilitada por www.liverpoolcollegiaterugby.com

Collegiate Old Boys Isle Of Man tour, Easter 1956. Foto extraida de www.liverpoolcollegiaterugby.com

 

Esta repercusión a nivel planetario ha acabado por filtrarse en el mundo del rugby: el profesionalismo, las televisiones y las audiencias han hecho acto de presencia en el mundo del rugby de los últimos años, como en todo deporte multitudinario. Este fenómeno, y los cambios que ha conllevado, no han afectado a la parte esencial de este deporte: sus valores; gracias a su mantenimiento seguimos viendo respeto hacia contrarios y árbitros en los estadios, humildad en las grandes estrellas, sacrificio absoluto de todos los jugadores en cada partido, etc. En definitiva, en el rugby de hoy aún podemos seguir disfrutando de aquellos hechos diferenciales que hacen que amemos el rugby y que permiten definirlo como el deporte más honrado que existe. Y es que el rugby es algo más que un deporte, es un sentimiento; y la base de este sentimiento no hay dinero que consiga cambiarla. Por eso todos los que estamos implicados en este deporte trabajamos continuamente sus valores, para que no se pierdan y para que perduren por muchos años.

Salud y rugby.