La revancha de Waterloo

waterloo31 de marzo de 1814 – Atrás quedaban 15 años de guerras, 15 años de grandes batallas -Trafalgar, Marengo, Borodino, Austerlitz, Jena, y tantas más-, 15 años de victorias, 15 años de gloria. Pero tras esos 15 años y tantos y tantos esfuerzos, todo se había acabado. Después de la larga marcha de vuelta de Moscú, de victorias como Dresde y derrotas como Leipzig, el Senado francés retira el apoyo al emperador y Napoleón se ve obligado a claudicar. Después de dominar Europa durante 15 largos años, por delante solo le quedaba una vida de reclusión, en su exilio en la Isla de Elba. El final de un imperio, el final de un sueño.

Desde aquel día de 1995 en que el gran capitán Will Carling se plantó delante de los gerifaltes de la Federación Inglesa y provocó que el amateurismo diese paso al profesionalismo (ver Historia del rugby, una novela de caballerías), los ingleses hicieron rápido los deberes.

Dos años más tarde de aquella decisión, la liga inglesa se había adaptado perfectamente a los nuevos tiempos y se había convertido en la envidia de todo el mundo rugbístico. En la misma línea, el XV de la Rosa había conseguido convertirse en una maquinaria perfecta, totalmente ajustada, que arrasaba los campos de rugby de esos años con una delantera que daba miedo (Jason Leonard, Martin Johnson, Lawrence Dallaglio y Richard Hill, entre otros), y que empezaba a mostrar el potencial que culminaría en la consecución de la Copa del Mundo en 2003.

1 de octubre de 1814 – La VI Coalición vence y el duque de Wellington y sus aliados vuelven a dominar los campos de batalla de Europa. La paz se firma en Fontainebleau y en Viena un nuevo orden se impone para todo el continente. Se acabaron las quimeras, las fantasías, los desafíos; todo vuelve a su orden, la continua guerra impone la paz.

La superioridad inglesa sobre sus rivales europeos es patente; los dos años anteriores lo habían demostrado: en las dos últimas ediciones del Torneo de las V Naciones arrasan a sus rivales, y en la edición de 1997 se esperaba que continuase el paseo militar, impresión que se iba corroborando partido a partido. En el primer encuentro del torneo, la selección inglesa se impuso holgadamente a Escocia por 41 a 13, dominando todas las facetas del juego e imposibilitando cualquier tipo de reacción en su rival durante todo el partido. Y en el segundo encuentro fue aún más contundente, arrasando por completo a una inoperante Irlanda, que veía como su máximo rival le encajaba en su propia casa un humillante 6 a 46 en Lansdowne Road. En esta situación se plantaba la maquinaria de guerra inglesa el 1 de marzo en el penúltimo encuentro, dispuesta a superar el último escollo en su camino hacia el nuevo título, hacia la gloria: un pequeño escollo llamado Francia.

Pequeño porque en esos años al XV del Gallo le ocurría todo lo contrario que a sus vecinos del otro lado del Canal: después de todos los éxitos de la “Generación Blanco”, el equipo francés pasó por temporadas de altibajos protagonizadas por la “Generación Saint-André”, con Pierre Berbizier como entrenador, hasta que en 1997 el presidente de la Federación Francesa -Bernard Lapasset- decide hacer una revolución en el equipo y confiar en un tándem de entrenadores con ideas de cambio, Jean-Claude Skrela y Pierre Villepreux, antiguos protagonistas de las grandes gestas que el XV francés había conseguido poco menos de 20 años antes.

1 de marzo de 1815 – Los sueños no mueren si no matan al soñador, y tras un año en Elba el emperador retorna de su exilio para devolver la ilusión al pueblo francés. Por delante cien días para desafiar al mundo, cien días en los que las ansias de cambio volvieron a aprehender en los corazones de los franceses.

Efectivamente, con su llegada al combinado francés, Skrela y Villepreux se erigen en revolucionarios modernos y cambian completamente la faz del equipo, manteniendo a unos pocos veteranos como Abdelatif Bennazzi, Olivier Merle y Jean-Luc Sadurny, y convocando a nuevos jóvenes casi desconocidos, en los que deciden confiar para crear la base de su proyecto y el futuro del XV de Francia de los próximos años, jóvenes que pasarían desde entonces a ser conocidos como la “Generación Pelous”.

20 de marzo de 1815 – Cuando el Quinto Regimiento de Línea -enviado por el rey y comandado por el Mariscal Ney, su antiguo general- se planta ante su ejército, con las dos líneas preparadas para dispararse mutuamente, Napoleón se presenta en el medio de la batalla, se abre la pechera y grita: “Soldados, si hay un hombre entre vosotros que quiera disparar sobre su emperador, aquí me tenéis”. Como respuesta un silencio absoluto, sepulcral, y al instante otro grito, unánime, como una sola voz, como un posterior eco, rotundo y desgarrador: 10.000 voces gritando al unísono “Vive l’Empereur!”.

Los primeros partidos del XV francés en el torneo no fueron muy halagüeños. El primer partido en Irlanda se convirtió desde el principio en un “infierno verde”, con un equipo irlandés arrollador, que fue dominando el marcador durante buena parte del partido. A principios de la segunda parte, el medio melé francés -Fabien Galthié- cae lesionado gravemente y tiene que ser sustituido. Francia acusa el golpe e Irlanda aprovecha el momento para seguir anotando, pero a partir de entonces el partido cambia, y el ala francés Venditti se convierte en el héroe del partido al conseguir anotar tres ensayos y situar el marcador en un definitivo 32 a 15, diferencia que no refleja la dureza del partido, pero que consigue mantener a los franceses con aspiraciones en el torneo.

16 de junio de 1815 – En Ligny, en su camino hacia Bruselas para derrotar a la VII Coalición, las tropas francesas aguantan estoicamente las infinitas cargas de la caballería húsar comandadas por el general Bülcher y consiguen derrotar al ejército prusiano.Tras un largo día de combate, las tropas napoleónicas se alzan con la victoria y continúan la ofensiva.

El segundo partido del Torneo, contra el País de Gales, fue mucho más sufrido para los franceses. El XV galés contaba ese día con un equipo formidable, reforzado por la vuelta al equipo nacional de antiguos jugadores de Rugby XIII (Jonathan Davies, Scott Quinnell, Alan Bateman y Scott Gibbs). La primera parte es muy intensa, con un continuo intercambio de puntos entre los dos contendientes. En la segunda parte Gales aprieta el marcador hasta llegar a ponerse dos puntos por encima de los franceses a 7 minutos del final, gracias a una estupenda patada de Neil Jenkins, pero un último ensayo anotado por Leflamand y convertido por Aucagne situaba el marcador definitivo en un ajustado 27 a 22 para los franceses. Francia seguía viva en el torneo, con las posibilidades de victoria y hasta de Gran Slam intactas. Pero para eso había que superar a Inglaterra, el rival más fuerte del torneo.

16 de junio de 1815 – Al mismo tiempo que Napoleón derrotaba a los prusianos en Ligny, el Mariscal Ney se enfrentaba en Quatre Bras a las fuerzas holandesas lideradas por el Príncipe de Orange, reforzadas por tropas británicas comandadas por Arthur Wellesley, el Duque de Wellington. Tras un largo día de batalla, las tropas francesas se imponen a sus adversarios y se dirigen a afrontar el grueso de las tropas británicas, que empezaban a tomar posiciones cerca de una pequeña aldea llamada Waterloo.

Y así se llega al 1 de marzo, la fecha señalada para The Crunch, para que los ingleses acaben de una vez por todas con los sueños franceses y confirmen su hegemonía en el continente. El escenario era el idóneo, Twickenham, El Templo, 80.000 espectadores creando un ambiente infernal, enfervorizado, animando a los suyos y llevándolos en volandas. Un lugar maldito para su rival, que desde la consecución de su último Grand Slam 10 años atrás, allí sólo había cosechado vergonzosas derrotas, año tras año. Tanto es así que la propia prensa francesa no era nada halagüeña, y vaticinaba una abultada derrota de los suyos contra su máximo rival.

Por si fuera poco, el XV francés se plaga de lesiones para ese encuentro y tiene que salir con una línea de circunstancias formada por el trío Venditti – Glas – Leflamand, los tres procedentes de Bourgoin, y un jovencito bayonés conocido como “Titou” (de Christophe) Lamaison en la posición de centro y en el pateo, con sólo 4 partidos a sus espaldas luciendo el maillot francés. En la delantera la cosa no estaba mucho mejor: jugadores muy jóvenes y una cara nueva en la Tercera Línea, un fortachón procedente del centro del país, con el pelo decolorado de rubio (moda que él empezaría y sería símbolo de su generación) llamado Olivier Magne. Eso sí, liderando a esa delantera seguía un año más el veterano Abdellatif Benazzi, asumiendo los galones de gran capitán y el papel de guía de aquella delantera.

17 de junio de 1815 – Tras superar los franceses la primera oposición británica en Quatre Bras, Wellington se hace fuerte en la pequeña aldea de Waterloo, tomando todas las granjas y esperando a los ejércitos imperiales desde una posición idónea, preparado para librar allí la batalla final.

Nada más empezar el partido, las predicciones de los días previos empiezan a cumplirse. Los ingleses salen al campo muy decididos, seguros de sí mismos, atacando en todo el campo y sin cesar. El pack inglés se impone desde el principio, con 33 kg más que sus oponentes, pero un error de la primera línea inglesa en la primera melé posibilita un golpe de castigo para los franceses, que Lamaison aprovecha para conseguir los 3 primeros puntos del partido. La delantera inglesa, herida en su orgullo, presiona con ímpetu y fuerza un golpe de castigo a los 2 minutos. Paul Grayson se encarga de transformarlo, y 2 minutos después convierte otro golpe, poniendo a los Ingleses por delante en el marcador. La superioridad inglesa empieza a imponerse, reforzada por otro golpe de castigo transformado por Grayson en el minuto 11.

18 de junio de 1815 – Waterloo – El ataque francés empieza a las 11:30 de la mañana sobre el flanco derecho inglés, situado en la granja de Hougoumont, como maniobra de diversión. Pero Wellington no cae en la trampa, y consigue inmovilizar en ese lugar a buena parte del ejército francés, que no podrá formar parte del grueso del contingente que atacará al centro.

Christophe-Lamaison-rugby

Christophe Lamaison es placado por la línea inglesa, con Will Carling a la izquierda de la imagen.

El partido continúa muy trabado, dominado por el juego de delantera, ruck y contra-ruck. A los 29 minutos, el pack inglés monta un maul a la salida de una touche y consigue hacerlo progresar 20 metros, provocando además un golpe de castigo francés justo delante de sus palos. Cuando parecía que Inglaterra ampliaría el marcador con 3 puntos más, incomprensiblemente Paul Grayson falla el chut, que sale ligeramente desviado a su derecha. Este fallo deja ligeramente tocado al XV de la Rosa, que muestra dudas en defensa durante los 5 minutos siguientes, momento que los franceses aprovechan para hilvanar tres ataques rápidos y jugarse el drop. Lamaison prueba a una distancia de 35 metros tras pase de Carboneau y ça passe!, encuentra los palos y los 3 puntos. A falta de 6 minutos para el final de la primera parte, Francia recorta distancias y sitúa el marcador en 9 a 6 para los ingleses.

18 de junio de 1815 – Waterloo – A las 13:30 Napoleón decide atacar por el centro con el I Cuerpo de D’Erlon, formado por cuatro divisiones apoyadas por dos regimientos de coraceros a la izquierda y la caballería de Jaquinot a la derecha. Esta fuerza consigue ascender la ladera bajo el continuo fuego de la artillería inglesa hasta que es detenida por las tropas del teniente general Picton. El consecuente contraataque de la caballería de Lord Uxbridge acaba con los efectivos de D’Erlon, pero cuando parecía que los ingleses habían dejado fuera de combate al enemigo, la caballería inglesa decide por su cuenta proseguir el ataque hacia el centro del contingente francés, donde estaban situados sus cañones. Ante este error, Jaquinot envía a su caballería ligera, que los intercepta antes y acaba con la caballería inglesa, que no volvería a estar en disposición de entrar en combate durante toda la batalla.

La reacción francesa sólo fue un espejismo. 4 minutos después del drop de Lamaison, Grayson vuelve a probar suerte en un chute a palos y vuelve a fallar, pero endomingo inglés en esos momentos es apabullante, la delantera inglesa sigue cargando de manera demoledora una y otra vez, y justo cuando se cumplían los 40 minutos de juego obtiene su fruto. En uno de tantos ataques de la delantera inglesa, el árbitro indica golpe de castigo a su favor delante de los palos, pero deja jugar a los ingleses aplicando la ley de la ventaja. Andy Gomarsall, el medio melé inglés, decide continuar la jugada poniendo en juego una vez más a su delantera. Tras un primer pase, el balón es colgado para que Lawrence Dallaglio, el potentísimo flanker inglés, hijo de un portero de discoteca y de una de las últimas modelos de Picasso, rompa la defensa francesa en una exhibición de fuerza y, todo potencia, recorra 30 metros sin que pueda ser parado para conseguir posar el balón tras la línea de marca. Los ingleses vuelven a mostrar su superioridad, y aunque Grayson vuelva a fallar la posterior conversión, se van al descanso con una buena ventaja en el marcador, 14 a 6, y con las mejores sensaciones posibles. “Swing low, Sweet Charriot” resuena en la grada (ver Canciones de Rugby), y el tercer Torneo consecutivo para el XV de la Rosa está cada vez más cerca.

Lawrence Dallaglio se escapa hacia la zona de ensayo, escoltado por Johnson, Hill y Gomarsall.

Lawrence Dallaglio se escapa hacia la zona de ensayo, escoltado por Johnson, Hill y Gomarsall.

La segunda parte empieza como acabó la primera, con una delantera inglesa que se impone en todas las facetas de juego, y un Grayson que quiere reivindicarse después de sus dos fallos en el final de la primera parte, esta vez con 40 minutos por delante con el viento a su favor. En el minuto 7 de la segunda parte, el 10 inglés se juega un drop y consigue anotar, aumentando la distancia en el marcador; distancia que sería de nuevo ampliada en el minuto 52 a través de la conversión de un golpe de castigo por el propio Grayson. Tras alguna duda, y con tan sólo 27 minutos por delante, Inglaterra imponía su rodillo y dominaba holgadamente el partido por 20 a 6.

18 de junio de 1815 – Waterloo – A las 15:30 Wellington reagrupa a sus tropas en torno a la colina de Mont-Sant-Jean. Sin consultar a Napoleón, Ney intenta aprovechar la retirada inglesa para pasar a la ofensiva y ataca con 5.000 jinetes. Pero Wellington ya había organizado a su infantería en cuadros, letales a bayoneta calada para la caballería, y los ataques de todos los regimientos franceses que iban subiendo la colina fueron repelidos por la infantería británica una y otra vez, y así hasta 12 veces. La artillería británica acabó por desmontar los regimientos franceses, y los contraataques de su Caballería Ligera y de la Brigada de Caballería Pesada holandesa dieron al traste con la ofensiva imperial. A partir de ese momento, Napoleón luchaba desde una posición de debilidad.

Todo parecía perdido para Francia, pero a 25 minutos para el final se produce un hecho hasta entonces no visto. Los delanteros franceses consiguen progresar 15 metros sin que el pack inglés los pueda parar, hasta situarse en zona de ensayo. Al no conseguir posar el balón, el árbitro otorga golpe de castigo a 5 metros para el equipo galo. El capitán Benazzi empieza a intuir el cambio y decide jugársela: en vez de pedir palos o enviar el balón a touche, el capitán pide melé. Los ingleses aguantan, pero por primera vez en el partido, empiezan a acusar la fuerte presión de su delantera.

Así que las tornas cambian, y los franceses empiezan a castigar a la delantera inglesa, rondando su 22 durante 10 minutos. Pero no iba a ser tan fácil, los franceses no consiguen traducir en puntos su dominio de esos minutos, y el pack inglés vuelve a imponerse en la melé para forzar un golpe de castigo y alejar el peligro. Cuando ya parecía que todo volvía a su sitio, los franceses ganan la touche y el milagro se produce: Lamaison se saca de la chistera una patada milimétrica al córner, y en la pugna por ese balón Leflamand se impone a Tony Underwood y consigue el ensayo para los franceses, que es transformado por Lamaison desde casi la línea de cal. Pero la ilusión por acercarse en el marcador llega con malas noticias un poco después: a poco más de 15 minutos para el final, con el marcador anclado en 20 a 13, cae el símbolo de la Vieja Guardia: el capitán Abdellatif Benazzi tiene que ser sustituido, y no quedan reemplazos para la Tercera Línea.

18 de junio de 1815 – Waterloo – A las 18:00 entra en combate el cuerpo de élite francés, la Guardia Imperial, la “Vieille Garde”. Invencible durante años. Bajo un intenso fuego de artillería e infantería, atacan el centro y toman el bastión de La Haye Sainte. Pero la Guardia Británica al mando del general Maitland entra en escena y desequilibra la batalla. Por primera vez en su historia, la Guardia Imperial retrocede y tiene que huir, momento que Wellington aprovecha para realizar la ofensiva general, que acaba con sus oponentes. En el último momento, cuando se les ofrece la rendición, el general de aquellos veteranos sólo puede contestar: Merde! La Garde meurt, elle ne se rend pas! [¡Mierda! ¡La Guardia muere, no se rinde!].

El capitán Benazzi es sustituido por un novato talonador, Marc de Rougemont, que tiene que ocupar el puesto de flanker. La delantera francesa está en cuadro. Pero entonces, a diferencia de lo ocurrido dos siglos antes, una nueva guardia de novatos aparece en escena para cambiar el mundo, y comandándola aparece un nuevo general. Después de varias fases insistiendo en la 22 inglesa, Christophe Lamaison realiza un slalom perfecto entre tres rivales y logra un nuevo ensayo.

Cuando todo estaba perdido, el “nuevo emperador” aparece para cambiar la historia. Con la conversión del ensayo, Francia iguala el encuentro a falta de 10 minutos, y el equipo empieza a a creérselo. La delantera inglesa está exhausta y la línea francesa dispone de preciosos balones para crear peligro. Y así, con insistencia y desparpajo, el milagro se obra. A falta de 5 minutos para el final, después de estar los franceses insistiendo a sólo cinco metros de la línea inglesa durante 3 minutos, la delantera inglesa concede un golpe de castigo que Lamaison transforma: donde nadie lo esperaba, Francia vence por 20 a 23, y Lamaison con su Full House (un ensayo, dos golpes de castigo, dos conversiones y un drop) se convierte en el nuevo héroe de todo un país, liderando a los suyos hacia la gloria.

Y así, en el partido número 500 de la historia del XV de Francia, el partido que tras la posterior victoria contra Escocia valió para conquistar el Torneo y conseguir el Gran Slam, un equipo condenado a perder negó la evidencia, y contra todo pronóstico desafió a su destino.

En un partido para tomarse la revancha. En un partido para cambiar la historia.

Celso P. Graña

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