La magia del drop

jonny-wilkinson-2003SILENCIO, A PALOS.

¿Cuánto tiempo perdemos en la vida esperando que nos ocurra algo extraordinario, maravilloso, fuera de lo normal? ¿Cuántas horas tiramos a la basura pensando que la felicidad es una meta, un hito, un punto al que llegar (con o sin GPS)? Ser feliz consiste en disfrutar de todas y cada una de las grandes pequeñas cosas que nos van surgiendo y las grandes personas que vamos encontrando.

Lo mismo ocurre con el rugby. La grandeza del oval no se reduce a un elemento concreto. Su riqueza estriba en una infinita suma de elementos, a cada cual más sencillo y más humilde.

Uno de ellos y del que hoy quiero hablarles, damas y caballeros, es el drop. Ese momento del juego que es capaz de reunir en apenas unos segundos  la elegancia de Fred Astaire y Ginger Rogers bailando, la untuosidad de un vino bien elaborado, el sabor placentero de la comida de la abuela y el misticismo del canto gregoriano de un coro de monjes. ¿Se puede pedir más?

Uno de los puntos que hace grande al drop es que es fruto del trabajo en equipo. Que es un producto elaborado con mimo, con esfuerzo, con tesón y con perseverancia a partir del paquete de delantera. Todo ello deja preparado hasta el último detalle el mejor escenario posible para su ejecución.

Ejecución que merece la pena ver una y otra vez a cámara lenta, hacia adelante y hacia atrás. Es sublime ver como el pateador es capaz de aislarse, perder por un momento la noción del espacio y del tiempo, concentrar su atención en su cometido, y con la paz que te da tener un oval entre las manos, cual si fuera el Santo Grial, dejarlo caer con suavidad, sentir su contacto con el verde (natural o sintético) para inmediatamente patearlo con convicción y la ayuda de un cuádriceps trabajado.

Que esto valga lo mismo que cualquier otra patada a palos, ¡clama al cielo! Que las nuevas reglas encima le quiten un punto, ¡es simplemente herejía! Ante eso y la blasfemia cometida contra la melé, los caballeros templarios del Santo Oval tendremos que actuar. Y si no como guardianes y arcanos del tesoro que hemos recibido, nos reuniremos en cuevas excavadas en la roca para dropear, talonar y empujar en la melé.

Sueño que soy un pequeño grano en una inmensa fuente de arroz con leche sintiendo la caricia de un sirimiri de canela.

Padres de familia: enseñemos a nuestros hijos a disfrutar de las pequeñas cosas, a poder ser no tecnológicas. Así llegarán a ser grandes personas felices.

–       Silencio por favor. Por unanimidad de la asamblea queda aprobada la creación de la Orden Templaria del Santo Oval.

–       ¡Protegeremos la esencia del rugby!

–       ¡Guardaremos celosamente su riqueza!

–       ¡Difundiremos por toda la faz de la tierra su filosofía!

–       ¡Dios guarde al Santo Oval!

EL CID OVALADOR.