La historia de los Barbarians: cuando se juntan los mejores dentro y fuera del campo

“Kirkpatrick to Williams. This is great stuff. Phil Bennett covering, chased by Alistair Scowan. Brilliant! Oh, that’s brilliant!

John Williams, Brian Williams, Pullin, John Dawes. Great dummy! David, Tom David, the half-way line. Brilliant by Quinnell. This is Gareth Edwards. A dramatic start. What a score! Oh that fellow Edwards….If the greatest writer of the written word would’ve written that story no-one would have believed it. That really was something.

Así narraba Cliff Morgan, comentarista de la BBC, el que es considerado el mejor ensayo de la historia del rugby. La jugada dura poco menos de un minuto y en ella participan tres cuartos, segundas líneas, terceras líneas, el talonador y el medio melé del equipo. La marca la realizan con un ritmo trepidante, manteniendo vivo el balón durante todo el tiempo, con apoyos constantes, velocidad en la decisión y la ejecución, y precisión técnica en el pase, en la recepción y en la definición. En definitiva, practicando un rugby vistoso, abierto y ofensivo, donde el espectáculo prima sobre el resultado.

Estas precisamente eran las características definitorias del equipo que lo acababa de anotar. Un equipo inusual, donde el estilo de juego siempre debe ser ofensivo, al que se accede por invitación, y que reúne a los que en cada momento son los mejores jugadores de rugby “dentro y fuera del campo” de todo el mundo. Son los Barbarians, equipo legendario, ejemplo a seguir, máximo defensor de los valores del rugby e inimitable en cualquier otro deporte.

Como buena historia de rugby, la idea de este equipo se gestó entre pintas de cerveza, una noche de 1890 en el Leuchters Restaurant de Bradford. Era el 9 de abril, los clubes de rugby británicos habían acabado sus competiciones y para celebrarlo se habían juntado un grupo de amigos, jugadores de distintos clubes. Fue W.P. Carpmael el que tuvo la idea, inspirado en su experiencia personal (había jugado en dos clubes diferentes), de proponer juntar durante los parones ligueros a los mejores jugadores del momento, sin ninguna barrera por nacionalidad, credo o raza, y posibilitar así que pudiesen jugar juntos, contribuyendo a reforzar la amistad entre los practicantes de este deporte sólo por el hecho de jugarlo.

WP Carpmael

WP Carpmael

La idea recibió el apoyo de los mejores jugadores desde el principio, y se materializó a finales de ese año. El 27 de diciembre de 1890 los Barbarians, también llamados Baa-Baas desde entonces, jugaban su primer partido contra Hartlepool Rovers, seguido días después de un encuentro contra el Bradford, partidos que se convirtieron en las primeras victorias del equipo. El año siguiente, en marzo de 1891, comenzaron su segunda gira contra Cardiff, inaugurando una tradición que se mantendría en todas las giras hasta 1996, y un día después consiguieron derrotar al Devon County, uno de los mejores equipos ingleses del momento.

En los años siguientes el equipo fue consolidándose y creando un estilo propio, estilo resumido a la perfección en el lema que el obispo W.J.Carey creó para ellos y que perdura hasta hoy: “el rugby es un juego para caballeros de todas las clases, pero para ningún mal deportista de cualquier clase”.

De esta manera, durante las décadas siguientes los Baa-Baas fueron jugando partidos contra equipos de las islas británicas en las giras anuales, hasta que en 1948 afrontaron su primer partido contra un equipo internacional. Ese año, la selección australiana realizaba una accidentada gira por Gran Bretaña que dejaba al equipo con problemas de liquidez para volver a su país. Los Barbarians se ofrecieron para jugar un partido que recaudase los fondos necesarios para esta difícil vuelta, que debía llevar a los Wallabies al otro lado del mundo vía Canadá.

El partido fue un éxito tanto a nivel económico como deportivo, ofreciendo un espectáculo pocas veces visto por los amantes del rugby. Desde entonces muchos equipos que visitaban las islas jugaban un último partido contra los Barbarians, y éstos comenzaron a jugar partidos en otros países. Para el recuerdo quedan grandes gestas, como las victorias contra Sudáfrica en 1961, contra Nueva Zelanda en 1973, contra Australia en 1984 y 1988 y contra Sudáfrica en 1994, entre muchas otras.

Desde su fundación hasta hoy, la equipación del equipo ha consistido en una camiseta negra y blanca a rayas gruesas horizontales con el escudo (las letras B.F.C. entrelazadas) a la izquierda y con el pantalón negro, conservando cada jugador las medias de su equipo. En 1895 se introdujo la corbata del club -de bandas azul oscuro y azul claro de anchura similar, con una raya blanca estrecha entre ellas- y en 1929 se estableció la chaqueta sport, azul oscura con botones dorados con las letras B.F.C y una insignia bordada en el bolsillo con dos corderos brincando sobre una pelota de rugby.

Durante todos sus años de historia, y siguiendo la tradición de las primeras giras, el equipo fue integrado por muchos de los nombres más importantes de la historia del rugby de todo el mundo. La lista es interminable, pero podemos señalar algunos de los más conocidos y más recientes como Jonathan Davies, Gavin Hastings, Jeremy Guscott, Phillippe Sella, David Campese, Francois Pienaar, Zinzan Brooke, Olivier Magne, Lawrence Dallaglio, Jonah Lomu, Bryan Habana, Richie McCaw o Gareth Edwards.

Precisamente este último fue el autor del ensayo antológico que encabeza el artículo. Esta espectacular marca se produjo en el que sin ninguna duda es el partido más recordado de los Barbarians, el que supone la culminación de su juego y el que muchos aficionados consideran el mejor partido de rugby de todos los tiempos.

Fue el 27 de enero de 1973 en el antiguo estadio de Arms Park, templo del rugby galés. El encuentro enfrentaba a los Barbarians contra la poderosa Nueva Zelanda, capitaneada por el gran Ian Kirkpatrick, que venía de ganar 22 de sus últimos 27 partidos. La elección de Cardiff como sede del encuentro no fue fortuita; ese día los Baa-Baas contaban en sus filas con buena parte de la mejor hornada de jugadores galeses de la historia: al mencionado Edwards lo acompañaban JPR Williams, Phil Bennett, Derek Quinnell, John Bevan, Tom David y el capitán John Daves. Durante la década de los 70, estos nombres forjaron con el XV de Gales una leyenda que llega a nuestros días, formando parte de uno de los mejores equipos de la historia del rugby y que merecen un capítulo aparte en nuestros relatos.

Con estos alicientes, el partido se presentaba apasionante. Los Barbarians no defraudan y desde el inicio muestran un juego vistoso, con continuos pases, redobles, cruces, rápidas carreras y cortes que encandilan al público. Pero Nueva Zelanda no se queda atrás. A la rapidez Barbarian responde con una ordenada defensa, certeros placajes y buenas patadas buscando la 22 contraria. Pese a esto, la primera parte acaba con un dominio aplastante de los Baa-Baas, que se imponen en el marcador con un contundente 17 a 0.

En la segunda parte el espectáculo no decreció. Nueva Zelanda, el mejor equipo del mundo, comenzó a mostrar su virtuosismo y a imponer su juego. Al juego vistoso barbarían respondían los All Blacks con la misma moneda, enlazando pases hasta la línea de ensayo por dos veces, ambas culminadas por el rapidísimo ala Grant Batty, que situaban el marcador en 17 a 11. Pero los Barbarians no iban a tirar el partido. Siguiendo con su juego a la mano, a 10 minutos del final hilvanan una preciosa jugada en la que el irlandés Mike Gibson consigue romper la defensa zafándose de dos placadores, pasando el balón a su compatriota Fergus Slattery antes de caer al suelo. Éste percute contra sus oponentes y pasa el balón a J.P.R Williams, que realiza dos quiebros para sentar a su marca y conseguir el ensayo que ratificaba la victoria.

El partido acabó con un marcador de 23 a 11 para los Barbarians, pero eso fue lo menos importante del encuentro. La calidad del juego realizado trascendió a los números, dejó como resultado uno de los momentos más legendarios de la historia del rugby y se culminó con una acción que resume perfectamente la esencia y la filosofía de los equipos enfrentados: tras el pitido final, el público invadió el campo para abrazar a los jugadores y levantar en hombros a Gareth Edwards. En ese instante, en vez de festejar con sus compañeros y su público la victoria, Sandy Carmichael y JPR Williams se dirigieron hacia el capitán neozelandés Ian Kirkpatrick y lo alzaron a su vez, felicitándole con este gesto por el trabajo realizado durante el partido y agradeciéndole el haberlo tenido como rival. Mostrando, en definitiva, que los valores del rugby van más allá de los resultados, los lances de juego y los logros conseguidos, que son la esencia de nuestro deporte y que contribuyen a hacer mejores personas dentro y fuera del campo. Porque esa ha sido, es y será siempre la esencia del rugby, y si alguna vez lo olvidamos, los Barbarians siempre estarán ahí para recordárnoslo: “el rugby es un juego para caballeros de todas las clases, pero para ningún mal deportista de cualquier clase”.

Carmichael y J.P.R Williams sacando a hombros a Ian Kirkpatrick

Sandy Carmichael y JPR Williams sacando a hombros a Ian Kirkpatrick

Celso Pérez Graña