La cuaresma de nuestro rugby

El pasado 6 de marzo comenzó la Cuaresma con el miércoles de ceniza. Día, tengo que reconocer, al que tengo un cariño especial y en el que me gusta participar. Se inician así 40 días en los que lo más importante es intentar hacer posible un cambio personal.

Imaginaba aquel día, cuando lucía ya todo contento la ceniza en mi frontal, cómo sería la cuaresma de nuestro rugby. Qué cosas necesitaríamos cambiar, en un camino paciente, como es el rugby, avanzando siempre hacia adelante, como exige el rugby, levantándose en cada placaje y sin cometer avant.

Los pilares, de la Cuaresma, que no del rugby son tres: ayuno, limosna y oración.

El ayuno, palabra reñida con el rugby y son pantagruélicos terceros tiempos consistiría en dejar de consumir todo aquello que hace daño a la filosofía y la esencia oval. Diferente a una dieta en la que lo importante es la estética, nuestro rugby debería de dejar de consumir doping de profesionalismo que hace olvidar las raíces, quitarse de obsesiones por crecer exponencialmente e ingerir licencias como si no hubiera mañana, buscando que cada niño que entra consiga ser, gracias al rugby, mejor y gran persona.

La oración, esa comunicación con lo divino, de nuestro silencio a su silencio. No puedo más que abogar, de nuevo, por conservar nuestro silencio como elemento básico y diferenciador. Y no solo ante las patadas a palos, si no reflejado en gradas respetuosas y en jugadores que no protestan futboleramente al árbitro y acaten sus decisiones con caballerosidad y respeto.

Por último la limosna. Dar de nuestro tiempo y nuestro dinero a proyectos que apuesten por la dignidad de la persona, colocándola en el centro, haciéndola protagonista y acompañándola en su proceso. Ciertamente el rugby aquí es gran escuela. Son muchos los clubes y las personas que apuestan por que los balones ovales alarguen su sombra para cobijar a aquellos que más lo necesitan. Que estos proyectos y están gente tengan su espacio, su tiempo y su importancia en la vida oval.

Y así, al igual que todo el sacrificio que implica la práctica del rugby da sus frutos, esa cuaresma oval también sería fértil y provechosa.

 

El Cid Ovalador