La Bajadita: ingeniería en la melé

mele-argentinaProbablemente es la fase de juego definitoria del rugby, y también la más carismática. La melé es la imagen del enfrentamiento, el símbolo del rugby en tanto que deporte de combate. Fuerza y técnica combinadas, unión, coordinación y sacrificio enfrentados. Pura esencia de rugby: lo colectivo por encima de lo individual.

Es una fase de juego que todo equipo debe trabajar, pero dependiendo del estilo del entrenador, país, público, jugadores, etc., no todo el mundo le da la misma importancia. Y aunque fueron los ingleses los que ya hace muchos años sentenciaron “no scrum, no win” (sin melé no hay victoria), son dos países latinos los que históricamente han sacralizado esta fase de juego: Francia y Argentina.

En el caso de los galos, es algo que viene unido al modelo histórico de sus delanteros, en un país donde ser avant es todo un estilo de vida. Nombres como Walter Spanghero, Gérard Cholley, Armand Vaquerin, Jean-Pierre Ribes, Daniel Dubroca, Jean-Pierre Garuet, Fabien Pelous, Jean-Pierre Bastiat, Olivier Magne, Eric Champ, Olivier Merle, Raphäel Ibañez y tantos otros, han definido durante décadas la fama de contundencia de la delantera francesa, contundencia reflejada año tras año en su poderosa melé.

En lo concerniente a los argentinos, fue la necesidad la que les hizo trabajar a fondo la melé. Racialmente más bajos que sus rivales, los delanteros argentinos tenían que elegir una fase de juego donde imponerse a los contrarios para imponerles respeto, y qué mejor que la melé, donde para ellos se definían los partidos. Tanto es así, que los entrenadores argentinos sentenciaban que lo importante de un partido son las tres primeras melés; el que las gana, se impone en el resto del partido.

Este trabajo a fondo de la melé en Argentina tuvo su momento álgido en la década de los 70, cuando redefinieron el concepto y desarrollaron una nueva técnica de empuje con la que consiguieron superar su inferioridad de peso a la vez que desestabilizar y doblegar a sus rivales al empujar la melé, y que bautizaron como “bajadita”.

Esta técnica de melé consiste en realizar, de forma coordinada y simultánea, una flexión de rodillas y empuje posterior por parte de los ocho integrantes de la melé, simultaneando además los tiempos de respiración.

Su origen es discutido. Y aunque popularmente se le otorga su creación al argentino Francisco Catamarca Ocampo, cuyo trabajo fue continuado por el “ingeniero” Carlos “Veco” Villegas, su origen se sitúa a miles de kilómetros del Cono Sur.

En el año 1965, el equipo nacional argentino debía realizar una gira por Sudáfrica, y para preparar tal ocasión, contaron con la ayuda de un entrenador de aquel país llamado Izaac Van Heerden. Éste, amante de la teoría del juego del rugby, es el precursor y primer teórico de la técnica de melé que hoy se conoce como “bajadita”. En esa gira, el equipo argentino es bautizado por primera vez como “Pumas”, también se imponen por vez primera al equipo junior de los Springboks y realizan el primer contacto con la prehistórica bajadita.

Con el bagaje extraído de los contactos que jugadores y técnicos argentinos tienen con Van Heerden, el técnico del San Isidro Club, Francisco Ocampo, define por primera vez el concepto a finales de la década de los 60 y lo personaliza con el nombre de “bajadita”. En sus palabras, “la clave está en la coordinación en el movimiento de los delanteros: antes de que la pelota ingrese en la melé, las piernas de los ocho integrantes ya se encuentran en flexión y con los pies perfectamente alineados. Cuando ingresa la pelota, esta flexión se convierte en un empuje coordinado hacia adelante, movimiento que se repite hasta que la pelota sale de la formación”. En esta acción, el primer movimiento realizado por el número 2 es similar al de sus compañeros: no se talona el balón para evitar perder estabilidad, sino que se intenta ganarlo por empuje, y siguiendo esta técnica, delanteros notablemente menos pesados que sus oponentes consiguen desestabilizar y empujar a la melé contraria.

Delantera de los Pumas entrenando la melé, con Rodrigo Roncero y Mario Ledesma en primer plano

Delantera de los Pumas entrenando la melé, con Rodrigo Roncero y Mario Ledesma en la primera línea

El también entrenador del SIC Luciano Monti, explica que “la fuerza del empuje es comandada por el hooker (talonador), que marca los tiempos de la flexión y el empuje. En este punto, tiene mucha importancia simultanear los tiempos de respiración: los ocho integrantes deben inspirar en el momento de la flexión, mantener la respiración y soltar el aire durante el empuje de forma sincronizada”. Además, Monti también define el agarre de todo el paquete de delanteros: “los dos pilares se agarran muy fuerte al talonador, a la altura del pecho, con los pies perfectamente alineados. Los segundas líneas introducen la cabeza por debajo de las caderas de los primeras líneas, agarrándose entre ellos y de las caderas de los primeras líneas, buscando con este agarre que la formación sea más compacta y continua. Los flankers apoyan sus hombros contra sus pilares y empujan hacia adentro buscando dar estabilidad al empuje, y el Ocho forma bien sesgado entre los dos segundas líneas, con las piernas bien flexionadas y oficiando de timón de la melé”.

Es por articular esta maquinaria que el entrenador “Veco” Villegas recibió el nombre de ingeniero. En los entrenamientos del SIC, se acostaba bajo la melé como si de un mecánico de coches se tratara, revisando cada posición, cada detalle, corrigiendo posturas de pies y definiendo el ángulo de flexión de los ocho integrantes. Pero en la ejecución de la “bajadita” otro factor tiene igual importancia que la técnica: la mentalidad en el empuje. El también entrenador argentino Jorge Giménez desgrana sus aspectos psicológicos de la siguiente manera: “Los ocho, una sola espalda y dieciséis pies empujando con un mismo vector, flexión homogénea, empuje simultáneo y coordinado. Para ejecutarlo correctamente debe hacerse en un marco solidario de esfuerzo y respeto por los compañeros. Sólo así la bajadita se convierte en un arma efectiva y decisiva de conquista”.

Esta técnica resultó muy eficaz para los menudos delanteros argentinos durante las décadas siguientes a su invención, eficacia que se plasmó en partidos aún hoy recordados por los seguidores del SIC, como aquel que enfrentó a su equipo, en tanto que campeón de Argentina, contra un equipo de estrellas sudafricanas en 1972. En aquel partido, en un momento del encuentro, el árbitro “se cobra” un golpe de castigo a favor del SIC a escasos 10 metros de los palos. El capitán y pateador de San Isidro, Miguel Cutler, decide jugar una melé en vez de optar por la opción más fácil de chutar a palos. ¡Y es que Cutler conocía el potencial de sus compañeros! En la consecuente melé, el pack argentino consigue hacer recular a sus homólogos sudafricanos los 10 metros que los separaban de la línea de ensayo hasta anotar una marca de melé. Tras la transformación, ante la cara de confusión que se le había quedado al árbitro, Cutler le explica con una sonrisa de oreja a oreja: “¡5 puntos valen más que 3!”.

La casualidad quiso que esta técnica se exportase respetando la “latinidad” sacralizada de la melé que comentábamos al principio del artículo. En 1974, el equipo francés realiza una gira por Argentina y descubre, más bien padece, la “bajadita” de cerca. En aquella gira participa Jacques Fouroux, el que sería el capitán protagonista de la gran gesta del XV de Francia en 1977 (ver La bande à Fouroux), y toma buena nota. Cuando en los años 80 Fouroux deja su lugar detrás de la melé para ocupar los banquillos, empieza a aplicar lo aprendido en aquella gira y lo personaliza, consiguiendo crear un estilo propio con el equipo de Francia a finales de los 80 y llevándolo a conseguir sus mayores éxitos, historia apasionante que será contada en próximos capítulos.

Siguiendo la estela de Fouroux, otros entrenadores franceses continúan puliendo el estilo de la bajadita durante las últimas décadas, entre los que destacan Michel Ringeval en sus etapas en Clermont y Grenoble, y Jacques Brunel en Auch, Colomiers o como segundo de Bernard Laporte en su etapa al timón de la selección de Francia. En Argentina, por su parte, pueden verse destellos de “bajadita” en cada una de las melés de los Pumas durante las últimas décadas: el empuje conjunto, la respiración coordinada, etc. Menudos delanteros latinos imponiéndose a colosos sajones. El 8 se transforma en 1.

mele-pumasY aunque en el rugby actual las leyes desarrolladas para hacer más seguras las melés han limitado el poder de la “bajadita”, ésta sigue teniendo una enorme influencia en el rugby moderno: algunos de sus preceptos siguen en vigor y más vivos que nunca, como la posición de los pies, las maneras alternativas de agarre o la coordinación en la respiración como camino del éxito. Y es que la “bajadita” no puede pasar de moda porque es puro rugby, espejo de sus valores: enseña que con perseverancia todo se consigue, que la técnica vale más que la fuerza, y que desde la humildad, jugadores con un físico en teoría menos predominante, pueden hacer frente a cualquier reto que se propongan. Porque el rugby es integración, adaptación, esfuerzo y, con perseverancia, superación. Donde el 8 se convierte en 1, y acaba sumando 15.

Celso P. Graña