Hugo Porta, la virtud hecha rugby

hugo-porta-argentinaÉl iba para futbolista, pero el destino lo hizo rugbier. En un país que destacaba a nivel mundial por sus figuras futbolísticas, pero que a nivel rugbístico tenía que hacer frente a un hándicap histórico (ver la historia de La Bajadita), el talento de Hugo Porta hizo que el rugby argentino fuese reconocido en todo el planeta y admirado por todos los amantes de este deporte, situando a Porta entre los mejores jugadores de todos los tiempos.

Con la objetividad que da la perspectiva histórica y geográfica, Hugo Porta es considerado por la mayoría de medios deportivos del mundo como uno de los deportistas más talentosos de su época, una de leyendas del rugby de todos los tiempos, el mejor apertura durante los años que jugó y, junto con unos pocos elegidos como Jonny Wilkinson, Michael Linagh, Dan Carter o Andrew Mehrtens, el mejor pateador de la historia del rugby.

En el campo Porta era un jugador total, de los pocos que la historia del rugby nos ha dado. Todas las facetas del juego del rugby las desarrollaba a la perfección, lo hacía todo bien: pateaba, jugaba, pasaba, placaba, tenía una gran visión del juego, era veloz, rompía como nadie las defensas rivales… Se podría decir que en él se juntaban las habilidades de sus coetáneos más talentosos: el pie de Linagh, la carrera de Campese o Underwood, el desborde de Blanco, la visión de Charvet, la fuerza de Gerber y el talento de Sella.

Como ejemplo de “rugbier total”, sirva de ejemplo el partido que disputó con el equipo de los Jaguares (la selección de Sudamérica) contra la potente Sudáfrica en 1982. En ese partido, Porta consiguió lo que los ingleses llaman un “full house”, es decir, anotar en un mismo partido un drop, un ensayo, una trasformación y un golpe de castigo (de hecho trasformó hasta cuatro golpes) consiguiendo 21 de los 28 puntos que su equipo anotó esa tarde por 12 de los sudafricanos. En palabras de Carwyn James, el mítico apertura galés, “verlo jugar permite reafirmar la superioridad intelectual, estética y artística en el juego de la línea”.

hugo-porta-revistaA sus sobradas virtudes en el campo, a Hugo Porta habría que sumarle su defensa de la esencia del rugby y de sus valores: durante su dilatada carrera como rugbier (1966-1990), Porta fue siempre fiel a unos colores -los del Banco Nación de Buenos Aires- con los que consiguió los Campeonatos de Argentina de 1986 y 1989. Se definía como hombre de club, pues defendía que en Argentina “los clubes son la célula en la cual nace el juego. Hay que cuidar mucho a los clubes, trabajar para darles la mayor cantidad de recursos para que los chicos concurran, porque es allí donde están los maestros”.

También se convirtió por méritos propios en el mejor jugador de la historia de los Pumas, el combinado nacional argentino. Su primer partido lo jugó en 1971, a la edad de 20 años. Ese año, el equipo argentino preparaba el campeonato sudamericano de rugby, y ante la falta de algunos compañeros en esa preparación, los entrenadores le ofrecieron el puesto de 10 a aquel joven de Banco Nación que apuntaba maneras, y que no desmereció la confianza. Tras ese partido, Hugo Porta se hizo con el puesto de apertura de los Pumas para no abandonarlo más hasta su retirada, casi dos décadas después. Desde este puesto, y con los galones de capitán desde 1977, Porta guio al combinado nacional argentino en sus grandes éxitos, entre los que destacan el empate en 1977 contra la Francia de Fouroux, campeona ese año del Gran Slam en el Torneo de las V Naciones (todos los puntos de ese día obra de Porta); la épica victoria de los Pumas contra una potentísima Australia en 1979, donde los albicelestes se impusieron por 24 a 13 a los Wallabies de Mark Ellah en la cancha de Ferrocarril Oeste; o el empate a 21 contra Nueva Zelanda en 1985, donde Porta consigue todos los puntos de su equipo. En total, tras 17 años con los Pumas (en 1988 y 1989 decidió no jugar con la Selección por discrepancias con el entrenador), Porta llegó a acumular 68 caps defendiendo la camiseta albiceleste,

hugo-portaEn esta dilatada carrera internacional, el preciso chute de su pie -como si de un metrónomo se tratara- le permitió anotar 54 conversiones, 109 golpes de castigo y 25 drops en los partidos internacionales que disputó, consiguiendo un total de 530 puntos, récord mundial en el momento que se mantuvo durante años hasta ser superado por el australiano Michael Lynagh.

A finales de 1990 decidió retirarse del rugby, pero justo antes de colgar las botas realizó su mayor obra de arte, el partido que según el propio Porta es el mejor de su carrera. Se jugó el 14 de julio de 1990 en la cancha de Vélez Sarsfield, con más de 10.000 personas en las gradas y con un formidable rival enfrente: nada más y nada menos que la Inglaterra de Rob Andrew, Will Carling y Geremy Guscott, que un año después quedaría segunda en la Copa del Mundo de rugby, perdiendo la final por tan solo 6 puntos contra Australia. El primer partido entre un combinado argentino y uno inglés desde la Guerra de las Malvinas.

Y aunque estéis pensando que este partido lo jugó con los Pumas, nada más lejos de la realidad: un hombre de club como Porta eligió un partido con Banco Nación como el mejor partido de su carrera, no podía ser de otra manera. Ese año Banco, como campeón de la liga argentina, tuvo la oportunidad de jugar contra Ia selección inglesa durante su gira por Sudamérica, todo un honor. En palabras del propio Porta, “lo viví con la intensidad con que se viven las cosas importantes. Significó la pasión de jugar contra Inglaterra con los chicos de mi equipo de siempre”.

Durante el partido, Hugo Porta mostró su mejor repertorio, consiguiendo que su equipo se fuese al descanso con un increíble resultado favorable: 12 a 4 para Banco Nación. Tras la reanudación, Inglaterra sacó su mejor versión, y fue recortando el marcador gracias a las certeras patadas de su medio apertura Rob Andrew. Pero Porta le respondió con su misma moneda, consiguiendo nada menos que 21 puntos en todo el partido, y situando así el marcador final en 29 a 21 para Banco Nación; una impresionante victoria contra un magnífico equipo para cerrar una carrera de leyenda, cuyo protagonista así lo recordaba: “Cada partido tiene una historia especial. Aquél, la emoción nos desbordó. El Aguja Gómez se puso a llorar dentro de la cancha cuando todavía faltaban algunos minutos para que terminara el encuentro. Y yo, que era el más viejo, tuve que mantener la calma, aunque al final también lloré. Uno valora siempre la parte anímica. Un logro en una situación más débil parece tener una recompensa mayor…”.

Pero el final de la historia no se acaba aquí. Aunque Hugo Porta deja los terrenos de juego en 1990, su leyenda continúa. Un año después, en 1991, el gobierno argentino reestablece relaciones diplomáticas con la República de Sudáfrica tras el aislamiento en la época Apartheid, y el Presidente de la República Carlos Saúl Menem nombra a Hugo Porta embajador de Argentina para este país, cargo que ocupará hasta 1995.

Poco después de su llegada a Sudáfrica tuvo la ocasión de conocer a Nelson Mandela, que había sido liberado de la prisión el año anterior. Las primeras palabras que Mandela le dirige son toda una declaración de intenciones: ““Es un placer tenerte en mi país, pero ahora tendré que ser seguidor de los Springboks, no de tu equipo”, surgiendo durante los siguientes años una verdadera amistad entre los dos hombres, una admiración mutua, una visión compartida, por lo que debemos reconocer a Porta su granito de arena en la épica historia de la reconciliación nacional en Sudáfrica (ver Un equipo un país: Homenaje a Nelson Mandela).

Tras la Copa del Mundo de 1995 disputada en Sudáfrica, que Porta vive en primera persona, el presidente Menem lo nombra Secretario de Deportes de la Presidencia de la Nación, cargo que ocupó hasta el año 1999. En el año 2000 funda con otras leyendas del deporte la Academia Laureus del Deporte, siendo actualmente presidente de la Fundación Laureus en Argentina, trabajando desde este puesto para que el deporte sea una herramienta para el cambio social y contribuyendo así con su trabajo a hacer del mundo un lugar mejor para vivir.

Porque un jugador de rugby no deja de serlo al abandonar los campos. La virtud de la que Hugo Porta hacía gala en el terreno de juego la supo trasladar a sus actividades posteriores, recordándonos que el rugby es más que un deporte, y que el comportamiento que los buenos jugadores muestran en el campo hace de ellos mejores personas en la vida.

Celso P. Graña