Historia de la copa del mundo de rugby IV

 

mundial-rugby-1995

Ver la primera entrega de La Historia de la Copa del Mundo de Rugby

Ver la segunda entrega de La Historia de la Copa del Mundo de Rugby

Ver la tercera entrega de La Historia de la Copa del Mundo de Rugby

Sudáfrica 1995: el puente al rugby moderno

La Copa del Mundo de 1995 es quizás la más emotiva de todas las disputadas hasta ahora, y está cargada de un gran sentimentalismo: es la primera edición en la que participa Sudáfrica, históricamente uno de los colosos del rugby mundial. Además ejerciendo de anfitrión, como premio al fin del Apartheid y como instrumento político en la cabeza de Nelson Mandela (ver Un equipo, un país: Homenaje a Nelson Mandela). Por ello para la ocasión, se remodelaron 9 estados, siendo así la primera edición que se realizaba únicamente en un solo país.

Esta edición fue además la de la consolidación de la Copa del Mundo de Rugby, la que batió todos los récords de audiencia de la historia del rugby y la que abocó a este deporte irremediablemente hacia el profesionalismo.

Fue también la primera aparición de un fenómeno de marketing a gran escala en este deporte: el jugador neozelandés Jonah Lomu (ver Jonah Tali Lomu, Leyenda del rugby) se convirtió no sólo en la gran estrella rugbística para todos los aficionados a este deporte, fue además la primera gran figura del rugby identificable en todo el mundo por todas aquellas personas que nunca hasta entonces habían tenido contacto con este deporte, convirtiéndose así en el mayor icono del rugby a nivel mundial, y cuya fama aún llega hasta hoy.

En el campeonato participaron 16 equipos de todo el planeta. Por un lado, recibieron la invitación automática el anfitrión Sudáfrica y los 8 cuartofinalistas de la edición anterior (Australia, Inglaterra, Nueva Zelanda, Escocia, Francia, Samoa, Irlanda y Canadá), mientras que los otros siete puestos se disputaron en fases de clasificación regionales, y fueron ocupados por Costa de Marfil, Argentina, Gales, Italia, Rumanía, Tonga y Japón.

La primera fase dejó grandes enfrentamientos entre las principales selecciones candidatas al título, como el partido inaugural entre el anfitrión Sudáfrica y los hasta entonces campeones del mundo, Australia. En un partido muy igualado de principio a fin, los locales consiguieron imponerse en un reñido final por 27 a 18, gracias al acierto en los chuts a palos del apertura sudafricano Joel Strasky. Otro gran partido fue el disputado entre Francia y Escocia, en un gran duelo entre los distintos pateadores -el apertura francés Thierry Lacroix y el zaguero escocés Gavin Hastings- y en el que el galo se impuso gracias a la conversión de 5 golpes de castigo por 4 del escocés, acabando el partido en un igualadísimo 22-19 para los franceses. Otro de los partidos que pasaron a la historia de esta fase de grupos fue el que enfrentó a los All Blacks contra la selección de Japón, ya que se convirtió en la victoria por mayor número de puntos de diferencia de la historia de La Copa del Mundo, récord que sigue siendo vigente hoy en día. Ese día Nueva Zelanda se impuso a Japón por 145 a 17, con 6 ensayos del ala neozelandés Marck Ellis (y ninguno de Jonah Lomu, por muy extraño que parezca).

Ya en la siguiente fase, los Cuartos de Final dejaron uno de los mejores partidos del campeonato: reeditando la final de la edición anterior, Inglaterra y Australia se enfrentaron en el Newlands Stadium de Ciudad del Cabo buscando el pase a las semifinales. Ambos equipos consiguieron un ensayo en el partido –el inglés obra del ala Tony Underwood y el australiano obra de Damian Smith- y donde otra vez el papel de los pateadores fue clave. El inglés Rob Andrew y el Australiano Michael Lignah, dos de los mejores aperturas de todos los tiempos, consiguieron ambos pasar entre palos hasta cinco golpes de castigo, además de convertir cada uno el ensayo de su equipo. Pero Andrew pudo aprovechar un buen ataque inglés para jugarse el desempate, y consiguió anotar un drop que daba la victoria a Inglaterra por un ajustadísimo 25 a 22, clasificando así a Inglaterra a las ansiadas semifinales.

El resto de enfrentamientos se resolvieron según lo previsto: Francia derrotó a Irlanda por 36 a 12, Sudáfrica arrasó a Samoa con un contundente 42-14 y Nueva Zelanda derrotó a Escocia por 48 a 30, en un partido muy vistoso e interesante, lleno de ensayos.

Las semifinales de esta edición se convirtieron una vez más en el mejor momento de la Copa del Mundo, en una simpática tradición que, edición tras edición, logra acaparar en ellas todo el espectáculo que después falta en la final.

La primera de ellas enfrentaba a los anfitriones contra una Francia exultante, firme candidata al título. El partido estuvo marcado por la tromba de agua que cayó en el Kings Park Stadium de Durban la noche anterior y el día de partido, tanta que anegó por completo el terreno de juego y amenazaba la suspensión. En caso de no poderse celebrar el partido, Francia sería el equipo que pasaría a la gran final por haber acumulado menor número de amonestaciones durante el campeonato. Así que las autoridades sudafricanas movilizaron un ejército de limpiadoras que durante horas estuvieron achicando agua para que el partido pudiese disputarse. Aún bajo el agua, y en un terreno de juego que parecía un barrizal, el encuentro se disputó. En medio del chaparrón Stransky y Lacroix empiezan su duelo de chuts a palos particular, hasta que al final de la primera parte la delantera springbok monta un maul que progresa de manera imparable hasta la zona de ensayo, donde Kruger posa el balón. Ya en la segunda parte, Francia reacciona y empieza a imponer su juego, recortando la distancia en el marcador poco a poco gracias al pie de Lacroix, situándose a 4 puntos y apretando en la fase final del partido. Cuando sólo quedaba un minuto para acabar, Francia se hace con la posesión de la pelota en una melé en la línea de 22 contraria. El 9 francés juega el balón con su compañero André Joubert, que realiza un up and under para poner el balón por detrás de la defensa contraria. Joubert no consigue atrapar el balón, pero tras botar en el suelo, el capitán francés Abdellatif Benazzi lo atrapa y percute con fuerza contra la última línea de defensa sudafricana, situada en su propia zona de ensayo. La defensa sudafricana, haciendo el último esfuerzo, logra parar al gigante francés, que pierde el balón y con ello el partido, clasificando con ello a Sudáfrica para la gran final por un ajustado 19 a 15.

La otra semifinal, que enfrentaba a Nueva Zelanda contra Inglaterra, fue otro de esos partidos de auténtico espectáculo, lleno de ensayos, que supuso la culminación de la figura de Jonah Lomu y que marcó un antes y un después en la historia del rugby moderno, abriendo el paso al profesionalismo de manera inexorable (ver La historia del rugby, una novela de caballerías). El partido fue muy disputado durante buena parte del mismo, logrando Inglaterra ensayar por medio de su capitán Will Carling en dos ocasiones y de Rory Underwood en otras dos, pero al final la maquinaria inglesa sucumbió al poderío neozelandés y a su gran estrella, Jonah Lomu, que consiguió en este partido nada menos que cuatro ensayos, apabullando la línea inglesa una y otra vez y hasta arrollando a sus jugadores, como quedó de manifiesto en su primer ensayo, en el que pasa literalmente por encima del zaguero inglés Mike Catt para posar el balón en la zona de ensayo. Al final del partido, la victoria neocelandesa no tenía discusión, imponiéndose por un contundente 45 a 29 al XV de la Rosa.

La final se convirtió en un encuentro muy duro desde el principio. En todo el partido, ningún equipo consiguió anotar ni un solo ensayo, llegando todos los puntos de patadas a palos de los aperturas Joel Stransky para los Springboks y Andrew Mehrtens para los All Blacks. Al finalizar los 80 minutos, el resultado era de 9 a 9: los dos equipos habían dejado todas sus fuerzas en el campo y se habían anulado mutuamente, y deberían jugar a continuación la primera prórroga de una final de la Copa del Mundo.

Los dos equipos estaban exhaustos, sin fuerzas, pero Nueva Zelanda aprovechó un error en el marcaje al principio de la prórroga para ponerse por delante en el marcador gracias a un drop convertido por Mehrtens, 9 a 12. En ese momento el estadio enmudece, pero se va reponiendo en los minutos siguientes, hasta que al filo del descanso Stransky consigue convertir un golpe de castigo que igualaba el encuentro. A falta de 10 minutos para el final, el resultado es de 12 a 12, y la incertidumbre es máxima.

Cuando el partido se reanuda se puede observar que los jugadores de ambos equipos están al límite de sus fuerzas, y fruto de ello Nueva Zelanda comete un avant a falta de 7 minutos para el final justo en su línea de 22. En la melé posterior, el capitán sudafricano François Pienaar pide una jugada de delantera, saliendo desde la posición del 8. Una jugada ensayada con la que pretendía conseguir el ensayo de la victoria, pero Stransky, el medio apertura, da la contraorden: se ve con posibilidades para intentar el drop.

La melé gira hacia la derecha lo justo para que Joost van der Westhuizen saque el balón limpio y lo ponga en juego con un certero pase a las manos de Stransky. Éste, ligeramente escorado a la derecha de los palos, prepara la patada y ejecuta un chute muy alto, con mucha parábola, que se cuela entre los palos, que adelantaba a los Springboks en el marcador y que a la postre les valdría para hacerse con la victoria por un ajustadísimo 15 a 12, en la final más emocionante de las disputadas hasta el momento.

Como colofón a esta gran Copa del Mundo, el capitán sudafricano François Pienaar fue el encargado de recibir la Copa Webb Ellis nada más y nada menos que del presidente de su país, Nelson Mandela. Una imagen que simboliza mucho más que la entrega de un trofeo, una imagen que significa el triunfo de una idea y el nacimiento de la Nación Arcoiris, el mejor final para la tercera edición de la Copa del Mundo de Rugby.

mandela-rugby

Celso P. Graña