Historia de la Copa del Mundo de Rugby II

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Nueva Zelanda y Australia 1987: la llegada del espectáculo

La primera Copa del Mundo de Rugby de la historia no fue un campeonato mundial al uso: participaron en ella 16 equipos, todos ellos por invitación, sin realizar proceso clasificatorio previo. El rugby de aquellos tiempos tampoco tenía mucho que ver con el de ahora: un rugby amateur, sin grandes contratos millonarios para los jugadores.

En un primer momento, Sudáfrica no fue invitada por causa del boicot internacional a causa del Apartheid (ver Cuando el rugby se convirtió en política), pero la invitación se cursó finalmente, aunque el país africano esta vez la declinó. El resto de países invitados fueron, además de los anfitriones Nueva Zelanda y Australia, Argentina, Canadá, Estados Unidos, Tonga, Fiji, Japón, Zimbabwe y los europeos Inglaterra, Gales, Escocia, Irlanda, Francia, Italia y Rumanía.

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La composición de los grupos de la primera fase se hizo a medida de los anfitriones, de tal manera que, si la lógica del rugby se cumplía, se encontrasen en la final y de su duelo saliese el primer campeón del mundo.

En el Grupo A quedaron encuadrados los equipos de Australia, Inglaterra, Estados Unidos y Japón. Un grupo sin muchas sorpresas, donde Wallabies e ingleses se jugaron el primer puesto en el primer partido, disputado en el Concord Oval de Sidney, y en el que los locales se impusieron por un holgado 19 a 6 sin dar ninguna opción al XV de la Rosa durante todo el partido.

El Grupo B lo formaban las selecciones de Irlanda, Gales, Tonga y Canadá. Al igual que en el Grupo A, los enfrentamientos de esta fase fueron sencillos para los equipos favoritos -los dos europeos-, decantándose la primera plaza para el País de Gales tras un disputado partido que terminó con el resultado de 13-6 para los Dragones, quedando encuadrados de esa manera con sus íntimos enemigos, mientras que Irlanda haría frente a los australianos en los cuartos de final.

El Grupo C fue el encargado de abrir el campeonato. El partido inaugural se disputó en el Eden Park de Auckland, entre Nueva Zelanda e Italia, con victoria apabullante de los All Blacks por 70 a 6. El otro partido del grupo, en el que contra pronóstico Fiji se impuso a Argentina por 28-9, fue clave para la resolución del grupo, ya que se dio un triple empate entre argentinos, italianos y fijianos, clasificándose estos últimos por mayor diferencia particular (+16 puntos).

El primer puesto del Grupo D -formado por los equipos de Francia, Escocia, Zimbawe y Rumanía- fue el más disputado de todos, en un partido de ida y vuelta que acabó con el resultado de empate a 20. Francia, que consiguió 3 ensayos por 2 de Escocia, se clasificó como primera de grupo, quedando encuadrada con Fiji, mientras que a Escocia le tocó bailar con la más fea, al enfrentarse a Nueva Zelanda en la siguiente fase.

Los cuartos de final no tuvieron mucha emoción, pues los ganadores lo hicieron de manera holgada: Francia contra Fiji (31-16), Australia contra Irlanda (33-15), Nueva Zelanda contra Escocia (30-3) y Gales contra Inglaterra (16-3). Y lo mismo se esperaba de las semifinales: un paseo de rosas para Australia y Nueva Zelanda.

En el caso de Nueva Zelanda así fue: se impuso al País de Gales por un contundente 49 a 6, mostrando todo su potencial. El otro duelo enfrentaba a Australia contra el campeón del V Naciones del año anterior, Francia, en el Concord Oval de Sydney. Los franceses llegaban a ese partido bajos de moral, tras un partido nefasto contra Fiji en la fase anterior, mientras que los australianos estaban completamente convencidos de su superioridad, contando además con el factor campo a su favor.

El partido empieza de cara para los locales, que encadenan un drop y dos golpes de castigo trasformados para situar el marcador en 9 a 0 poco antes de terminar la primera parte, aunque Francia recorta distancias con un ensayo justo antes del descanso (9-6). Con la reanudación empieza el espectáculo, en una segunda parte que pasará a los anales del mejor rugby de la historia: a los pocos minutos de la reanudación, Australia amplía distancias gracias a un genial ensayo de su estrella, David Campese, pero Francia responde al minuto siguiente con un ensayo finalizado por Philippe Sella, al que le sigue otro obra de Lagisquet, que con la conversión de un golpe de castigo por Didier Camberabero ponían a Francia 21-15 por delante. El partido entra entonces en una fase trepidante, y los australianos logran el empate minutos más tarde tras ensayo de Codey y la posterior transformación de Lynagh, que con un golpe posterior pone a los Wallabies 3 puntos por delante a 2 minutos del final.

Tras este mazazo, los franceses no se centran y sacan de centro demasiado lejos. Australia recupera el balón y lo juega con el pie a touche, ganando metros, pero en la siguiente jugada realizan un placaje retardado sobre Camberabero penalizado con un golpe de castigo, un regalo caído del cielo para los franceses. El propio “Cambé” será el encargado de transformarlo, empatando el partido y dejándolo así encarrilado para la que sería la primera prórroga de la historia de una Copa del Mundo…

Pero faltaba una jugada más, uno de esos momentos de puro rugby que aquella Francia del rugby champagne nos ha dejado en herencia a todos los amantes de este deporte: la delantera francesa recupera la pelota en un ruck, y ésta acaba en las manos de Lagisquet, que la patea lejos, cerca de los dominios de Campese. Cuando el australiano va a coger el balón, aparece Lorieux y choca con él. Herbani consigue levantar el balón y lo juega con Eric Champ, que percute contra la defensa australiana. Tras dos pases entre delanteros, la pelota llega a Denis Charvet, el primer centro, que corre con ella unos preciosos metros hasta estamparse con el muro amarillo ya dentro de su 22. Berbizier, el medio melé galo, decide entonces cambiar la orientación de juego y realiza un largo pase para Lagisquet, que evita a tres contrarios y suelta la pelota. Pugnan por ella Lynagh y Champ, que chocan, y acaba en las manos de Rodriguez que la pasa rápidamente a Serge Blanco. Blanco apunta al banderín e inicia una carrera trepidante, seguido de cerca por tres australianos, que tratan de alcanzarle. En el último segundo, el talonador australiano se lanza y agarra las piernas del zaguero francés, pero éste consigue apoyar el balón en la zona de marca justo antes de que sus piernas toquen la línea de banda. Ensayo de Blanco y victoria para Francia por 30 a 24.

Este recital de pases y juego fue una jugada de ensueño, marca de un equipo que llegó a practicar un estilo de rugby de los más vistosos de la historia, y que metió al equipo de Francia en la primera final de una Copa del Mundo de Rugby. Un ensayo de 100 metros que quedó grabado en los libros de historia (Ver partido completo).

De esta forma se llegó a la gran final, el 20 de junio de 1987 en el Eden Park de Auckland, donde tanto neozelandeses como franceses presentaban los que sin duda fueron dos de los mejores equipos de todos los tiempos. Mientras que dos días antes, y otra vez contra pronóstico, el equipo del País de Gales lograba vencer por la mínima a los australianos, imponiéndose por 22 a 21 en el Estadio Internacional de Rotorua, en Nueva Zelanda.

Ya en la final, los All Blacks muestran desde el principio su poderío físico, con un juego muy ordenado en el que son claros dominadores, mientras que el equipo francés no consigue conectar en ningún momento con el partido, fruto quizás del gran desgaste de la semana anterior en Sidney. Así, Nueva Zelanda se hace dominadora del balón y también del marcador, con un grandísimo Grand Fox, su medio apertura, que consigue pasar entre palos nada menos que 4 golpes de castigo, una transformación y un drop. Estos números, unidos a tres ensayos conseguidos por Michael Jones, John Kirwan y David Kirk, hicieron que de poco valiese el ensayo transformado por Pierre Berbizier y las dos patadas pasadas entre palos por Didier Camberabero, terminando así el partido en un contundente 29 a 9 para los neozelandeses.

Tras la victoria fue David Kirk, el capitán neozelandés, el encargado de levantar por primera vez el Trofeo Webb Ellis. Y así, de esta manera, Nueva Zelanda se hacía con la primera edición de la Copa del Mundo de Rugby, competición que desde entonces se ha convertido en el mayor espectáculo del balón ovalado de todo el planeta.

Celso P. Graña