Geometría en el rugby II: El oval

Sería una total herejía comenzar esta serie sobre la geometría del rugby sin dedicársela al oval. Si hay algo que todo el mundo, ajeno o familiar a nuestro deporte conoce, es la forma del balón. Eso y que hay que pasar hacia atrás, aunque lo segundo ya correspondería a un nivel I de conocimiento.

Cambiar en el deporte la forma esférica por la oval supuso una revolución de tal calibre que debería, por justicia, estudiarse en los libros de historia junto a la cubana, la rusa o la industrial. Y lo digo en serio. Porque fue un momento transgresor y provocador. Porque suponía romper con el deporte que por aquel entonces ya cuajaba en las masas para intentar regalar al pueblo no solo una actividad física, sino también una filosofía y un estilo de vida. Porque se iniciaba así un deporte preocupado no solo por el cuerpo si no por la persona de manera integral.

Esa forma ovalada de nuestro balón se debe, según cuenta la leyenda, a la vejiga de cerdo que se introducía en su interior permitiendo así moldearlo con tan curiosa morfología. Desde un principio el rugby nació con estrella, y es que estar unido al mejor animal de la creación es el arranque ideal. Por ello es digno homenaje hoy en día, poblar nuestras gradas cada domingo con suculentos y grasientos bocadillos de panceta.

En esa peculiar geometría oval se reúne, tanto la belleza y el esplendor de los espejos de Versalles, como la grandiosa humildad de una lata de conservas. Es en esa peculiar geometría oval donde se reúne, tanto la excelencia de la corona de arrayán que se imponía al general romano en la ceremonia de la ovación por sus victorias y conquistas como la sencillez de esos melones piel de sapo que junto a mi abuelo, en esos domingos rurales, íbamos a buscar a la panera donde se conservaban frescos ocultos en el montón de cebada.

Es esa forma la que nos regala la emoción del juego ante un bote inesperado e imprevisible. Que exige al jugador una rápida reacción y unos reflejos siempre a prueba de ITV. Pero es que además es el responsable de la alegría y el jolgorio de nuestro deporte. Ese que cautiva a los niños al convertirse en un elemento libre y loco que alimenta la diversión, las sonrisas y las carcajadas de los más pequeños.

¿Qué tendrá esa forma ovalada que te hace sujetarlo con firmeza cuando lo tienes entre manos? La perfección de una geometría que permite al jugador aferrarlo contra su costado buscando la zona de marca. Es la perfección de una forma que permite y ayuda a la concentración del pateador ante un golpe de castigo o un drop. Es la familiaridad de una geometría que en manos del talonador busca su destino en las alturas. Es la forma hipnotizadora que se convierte en manso rodante en manos del medio melé al ponerlo a los pies de sus delanteros.

Es sin lugar a dudas y sin temor a equivocarme, donde arrancó la creación de este deporte único y genial.

 

El Cid Ovalador