Geometría del rugby III: Las paralelas

La geometría y sus palabras siguen jugando a traerme recuerdos. Al escuchar paralelas, además de evocar uno de los más sencillos ejercicios que por aquel entonces afrontábamos en la asignatura de dibujo, vienen a mi mente multitud de ejercicios ejecutados por hombres de gran musculatura en ese aparato que parecía iba a partirse en cualquier momento.

Frente a esas paralelas horizontales, testigos de esfuerzo y sacrificio, ciertamente, traigo otras paralelas, imponentes, majestuosas, imperiales, silenciosas y observantes, que son las que reinan en los campos de rugby, a uno y otro lado corto del rectángulo. Son los palos que apuntan desafiantes a lo más alto. Son los que unidos por una barra horizontal, cual si fueran un gigante salto de altura, retan a los pateadores y les invita a profanar su interioridad consiguiendo introducir en su espacio el oval. No puedo dejar de insistir en la propuesta de que, profanar semejantes paralelas mediante un drop, no puede tener como premio, como recompensa, simplemente tres puntos. Semejante hazaña merece más.

Las paralelas también aparecen en el mundo oval en los saques de touch. En hileras de número variante los jugadores parecen por momentos perder su sano juicio: códigos cifrados, idiomas cercanos al sanscrito y pequeñas danzas aparentemente sin sentido son los ingredientes y aderezos necesarios para culminar la receta con la conquista del melón.

Pero si hay un momento en el rugby en el que las paralelas se tornan en símbolo de belleza, se engalanan de nobleza y demuestran que los valores del rugby son reales, es en el pasillo al final del partido. Un pasillo, unas líneas paralelas que son capaces de fagocitar, en cuestión de segundos, rencillas, placajes, impotencia y derrotas.

Porque es el pasillo final el que borra de un plumazo y hace saltar por los aires cualquier atisbo de duda ante aquel dogma, que en nuestra adolescencia era tan difícil de creer y de digerir, de que las líneas paralelas se unen en el infinito.

Efectivamente es así. El rugby demuestra que las paralelas unen y construyen mucho.

Benditas sean las líneas paralelas.

 

El Cid Ovalador