Estas son las mañanitas de The Big Red One

the-big-red-oneSuena el despertador a las siete de la mañana… ya empezamos mal. El sonido electrónico de un cachivache de esos nunca puede sustituir al canto de un buen gallo, que no solamente cumple su labor de despertarte, si no que te recuerda que, como mínimo, aun queda un pollo en el mundo que hacer a l’ast. Con todo el cuerpo dolorido (no hace ni ocho horas estábamos entrenando) me incorporo aporreando gratuitamente al despertador con media sonrisa sarcástica dibujada en mis apolíneas facciones. Cuando dicen que un pilier siempre va recto y nunca piensa están diciendo una verdad a medias. Mi trayectoria hacia la cocina es recta, sin duda, el resto de habitantes de mi morada dan fe, pero durante el recorrido mi mente no deja de pensar en que me voy a hacer de desayuno. No es fácil la decisión, aunque al final siempre me hago lo mismo, porras enrolladas en beicon y un café con leche, por lo del azúcar y eso… desayuno continental on fire. Ya de camino al tajo, siempre en línea recta, of course, voy meditando acerca de las calorías que voy consumiendo, pa que luego digan que no pensamos. Ya he llegado el curro; mientras llegaba a mi departamento, siempre en línea recta, he revisado con el rabillo del ojo la máquina expendedora de snacks y la máquina del café, todo bajo control. Tras unos minutos de lecturas de correos, de empaparse con lo ultimo de blogderugby.com (están chalaos estos tíos) y cuatro cucamonas que le hago al ordenata pa disimular, ya me corroen dos cosas, una la duda si al bar de enfrente seguirán teniendo ese café tan bueno y otra la gula pura y dura que me entra al recordar que en la máquina de snacks habían los deliciosos “cuadrados de trufa”, que ni son cuadrados (son rectangulares) ni son de trufa (son de chocolate, la trufa es el chocolate de los pijos). Aun no se como he llegado pero ya me encuentro en el office con el pastelito en una mano y un cafemáquina en la otra, tengo que hacerme mirar eso de las lagunas mentales.

Parece ser que es la hora de almorzar, los colegas salen de sus emplazamientos con pasos vacilantes, como un resurgir zombie, dirigiéndose en zigzag al bareto más próximo. Con sus erráticas trayectorias me recuerdan a los ¾ y sus tan cacareados contrapiés. Por no ser el espíritu de la contra, y tras dar cuenta de mi refrigerio, me dirijo junto a ellos a tomar algo, que ya va siendo hora. Realmente no se pa que voy, siempre acabo indignao. Un ejemplo: Bocata vegetal y refresco, oferta del día, reza en un cartel. De que está hecho el bocata? De lechuga, tomate, pepinillo, mayonesa y atún. Oletusgüevos!!! Desde cuando la mayonesa y el atún son vegetales?!?!?! Cuanto tonto y que poca munición!!! Peor es lo de quien se sienta a mi lado, se pide un café con leche desnatada y sacarina y saca de su zurrón una especie de bizcocho reseco con pipas pegadas, o algo así. “Oh, -exclama- ya es la hora de mi barrita energética.” Mientras en mi privilegiado cerebro de pilier toma forma el mismo chiste fácil de cada día, se me ocurre leer los componentes de la barrita de marras: Un montón de substancias de nombres impronunciables, harina de trigo integral (ahora se llama así al trigo transgénico) y… ¡¡¡ ceniza !!! tienen la santa desfachatez de poner que uno de los ingredientes es ceniza… ya no sabemos si estamos comiendo o fumando. Y después están los que aún observan los mandamientos y se piden bocata… pa lo que les vale… el bocata tiene el tamaño de un gelocatil!!! Parece que estemos en el tiempo del racionamiento, y aún tienen los santo güevos de dejar algo en el plato… inexplicable. Lo mejor es llevarse el bocata de casa, un buen tarugo de pan con cinco frankfurts metidos como cartuchos en el cargador de un Kalashnikov y aglutinados con una buena mostaza provenzal, a esto le sumas la birra reglamentaria (por lo de la hidratación y eso) y un café con leche con un par de magdalenas (para que todo no sea proteína y se digiera mejor) y tenemos el almuerzo equilibrado estándar. Con esto no te puedes ir a arar al barbecho, faltarían muchísimas calorías, pero para unos curros sedentarios como son muchos de los de hoy en día, tenemos más que suficiente.

Tras varios pases mágicos sobre el teclado, un par de bufidos al monitor y algunas imprecaciones al sistema operativo al uso, llega uno de los momentos cruciales del día, plegar para ir a comer.
Con el estómago rugiendo como un martillo pilón me encamino hacia mi dulce (que gran adjetivo) hogar. Siempre en línea recta, por no fallar a mis principios, me hallo en mi camino con varios locales que se hacen llamar restaurantes y no tengo por menos que fijarme en sus brillantes expositores donde se anuncian cosas a las que ellos consideran comestibles. Analicemos algunas de ellas: -Decostrucción de panaché de verduritas de temporada- Fliiiiipaaaaaa!!! Siempre es temporada de verduras (y no verduritas, que parece que así sean menos dañinas) puesto que siempre habrá alguien que no sabrá que hacer y se dedicará a cultivar vegetales… que ya podría coger una bandurria y cultivar el folk, que estamos flojos de tunas. Y la palabra clave, -decostrucción- que nos quiere decir, que nos han masticado las acelgas??? Que en vez de algo consistente nos ponen potitos de espinacas en un plato??? Suena fatal!!! Y la pinta no la tiene mejor, he visto purés en geriátricos con mucho mejor aspecto. Otro ejemplo: -Surtido de ensaladas sobre emulsión de allioli ligero-. Como se te queda el cuerpo cuando ves lo que sirven y lo traduces a algún idioma más asequible. Son pedazos de lechuga sacaos a tirones de las jaulas de los canarios a los que los has rociado con un ajopringue de pote aguadísimo de dudosa procedencia. Y aún lo califican de “ligero”, supongo que para que piquen los tontacos que no quieren pasarse de calorías. Yo de pequeño alimentaba mejor a mis gusanos de seda, ahí lo dejo… Por suerte en breve llego al destino de mis pasos donde aún se observan las reglas mas elementales de la supervivencia humana, somos lo que comemos. Ese día estaba inspiradísimo y me dispuse a hacer de alquimista en la cocina. Quise elaborar un plato que representara la quintaesencia del delantero, que reflejara su agudo intelecto, que demostrara de la recia proteína de la que estamos hechos y que todo ello se presentara en línea recta, como debe ser. El resultado fue inigualable: -Brochetas (lineales y largas como el espinazo de un segunda línea) de pinchos adobados (proteína pura) con sesitos de cordero rebozados (lo que se come se cría) amalgamado con tiras de la sempiterna y crujiente panceta que aposentará nuestro estragado y querido estómago. Probadlo y ya me contareis.

The Big Red One