El rugby y El Che, una vida antes de la revolución

che medio melé

Corrían los años 40 del viejo siglo. En la ciudad de San Isidro, provincia de Buenos Aires, el equipo de rugby local -el SIC (San Isidro Club)- empezaba una nueva campaña. Como en los años precedentes, ésta empezaba con una exigente pretemporada: entrenamientos físicos y duros, que preparaban a los jugadores para mantener el tipo durante los meses siguientes; entrenamientos de puro músculo, donde la pelota no se tocaba hasta el final: hacer pases con la ovalada como premio por haber soportado el castigo.

Los entrenamientos los dirigía el capitán de aquel equipo, Mario Dolan, quien además de ser el encargado de poner a los jugadores a punto físicamente, también decidía qué jugadores tendrían el honor de pertenecer al primer equipo del SIC.

Fuente: www.museodelrugby.com/

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Un buen día justo antes de empezar una de las sesiones de esa larga e intensa pretemporada, se acercó al terreno de entrenamiento un chico joven, apuesto, delgado, con acento cordobés, y que mostraba por sus aires, gestos y comentarios que por sus venas ya corría la sangre del rugby. Y así era: el muchacho, que se presentó como Ernesto, reconoció que ya había tenido la ovalada en sus manos en algún momento de su vida y que le apasionaba el rugby.

El capitán Mario Dolan supo entonces que tendría que darle una oportunidad, ya que reconoció en él al sobrino del presidente del club -Martín Martínez Castro- uno de los fundadores del club. Además, le atraía el interés que el chico nuevo tenía en su deporte: Ernesto era el director, editor y reportero de la única revista que se dedicaba al rugby en todo el país, llamada “El Tackle”.

Fuente: www.museodelrugby.com

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Y así fue como Ernesto Guevara de la Serna empezó a entrenar con el SIC durante aquella pretemporada. En los primeros entrenamientos, Ernesto no podía aguantar el ritmo de sus compañeros y tenía que salir del campo a descansar unos segundos. Durante esos pequeños descansos abría su bolsa, sacaba un pequeño nebulizador del que realizaba dos cortas inhalaciones, recuperaba la respiración normal y volvía al campo.

Este gesto no pasó desapercibido para el capitán, que como buen estudiante de medicina en seguida se dio cuenta de que Ernesto tenía asma, y que esta enfermedad no le permitiría rendir al nivel que él esperaba de sus compañeros. Así que Dolan tomó la decisión de hablar con Ernesto y comunicarle que no lo podía aceptar en el primer equipo, ya que el fuerte asma que padecía no le permitiría aguantar la intensidad de un partido de rugby de la categoría en la que jugaban.

Ernesto le contestó que en su Córdoba natal ya había jugado de medio-melé y que no había tenido ningún problema, que jugó partidos enteros sin tener que salir del campo. Pero Dolan se mantuvo firme: no le dio la oportunidad y no le aceptó en el equipo, y Ernesto se fue ofendido, diciendo que buscaría otro equipo donde jugar si en ese no le dejaban, pero que él jugaría al rugby. Y así fue; Guevara se unió a un equipo que se acababa de crear a partir de un grupo de jóvenes amantes del rugby: el Atalaya.

La temporada empezó y Ernesto jugó, y aunque recurría a su inhalador, aguantaba bien los partidos y contribuía a las victorias de su equipo. El equipo jugaba bien y las victorias no faltaron, haciendo que el equipo se clasificase para la final del campeonato.

Por su parte, el SIC también realizó una muy buena temporada, tanto que consiguió llegar a la misma final: ¡se enfrentaría al Atalaya en el partido final que decidiría el campeonato!

El partido fue muy intenso desde el principio, con los dos equipos peleando encarnizadamente y sin conseguir escaparse en el marcador. Hasta que a pocos minutos para el final, el medio melé de Atalaya recoge el balón de una melé, se escapa por el lado ciego y planta la pelota en la zona de ensayo, dando a su equipo la victoria y el campeonato.

Durante el tercer tiempo, Dolan estaba charlando con sus compañeros del SIC, cuando de repente se acerca Guevara y le dice: “¿Vos sos el desgraciado que no me dejaste jugar en el equipo del SIC? Mirá vos, yo soy el que les hizo el try al final del partido, para que aprendás. Así vas a saber que yo puedo jugar al rugby”. Dolan se quedó sorprendido de lo que le dijo Guevara, pero éste no terminó ahí y al ver que el capitán no le decía nada, continuó: “Si sos hombre vení afuera que te voy a romper el alma”, momento en el que intervinieron los compañeros para separarlos.

Desde ese momento cada uno hizo su vida y nunca más se volvieron a ver. Mario Dolan se licenció en Medicina y se fue a trabajar a Nueva York como médico. Ernesto también terminó la carrera de medicina, pero su periplo fue diferente: después de recorrer Latinoamérica, se unió a los Barbudos de Sierra Maestra, y ayudando a Fidel en su revolución se convirtió en mito. La historia del Che Guevara es desde entonces universal, por lo que su relación con el rugby no pasa de simple anécdota.

Pero esta anécdota se cerraría años más tarde: los dos protagonistas de esta historia murieron casi al mismo tiempo, el 6 y el 9 de octubre de 1967, pero en situaciones muy distintas. Mientras que Ernesto era fusilado por el ejército boliviano en el pueblecito de La Higuera, Mario moría en Nueva York rodeado de su familia. En esos últimos momentos, Dolan tuvo un pensamiento para aquellos años de su juventud, y dijo a los suyos una frase que demuestra todo lo que el rugby puede llegar a suponer en la vida de los que lo practican: “Nunca le guardé rencor al Che: tuvimos destinos diferentes, él siguió su camino y yo seguí el mío”.

Breve he interesante documental sobre el Che y el Rugby:

Esta es una de las mil historias que recorren el mundo del rugby. Estamos seguros de que en otros deportes este tipo de recuerdos no se tienen, estos finales no existen. Señoras y señores, tenemos el honor de jugar al mejor deporte del mundo, EL RUGBY.

 Salud y rugby