El “Lugby”, depolte del balón oliva.

china-invierte-rugbySí. Está bien escrito y han leído ustedes bien. Váyanse acostumbrando, por si acaso. Léanlo varias veces y practiquen.

Hace un mes la empresa de comercio electrónico Alibaba anunciaba el megaproyecto de potenciación del rugby en China, apadrinado por los elementos impresentables de World Rugby. No se citaba en las informaciones publicadas si dicho acuerdo se firmó en una cueva y si los funcionarios de nuestro estamento superior entraron en la nómina de los 40 ladrones. Todo apunta a que sí. Aún hoy, reconozco sin pudor y con estupor que me debato sesudamente en dilucidar si los miembros de tan alto organismo del oval son elegidos entre los candidatos de un casting de Gran Hermano o de aspirantes a tronistas en Mujeres, Hombres y Viceberza.

Que una empresa decida meter dinero y convertirse en mecenas y auspiciante del rugby, por supuesto que está bien. Que se quiera potenciar esta disciplina que tanto bien hace al mundo, es necesario y nunca será suficiente allá donde se realice. Que se busque aumentar el número de fichas, de árbitros, de competiciones y de todo lo que se mueve alrededor del balón melón es algo que me llena, sinceramente, de orgullo y satisfacción. Pero, por favor, no caigamos una vez más en la trampa de la “misdirection”. No nos quedemos impasibles cual estatuas cuando alguien osa afirmar que un proyecto como ese es fundamental para hacer crecer la familia global del rugby. Canalicemos la rabia que nos produce que nos llamen tontos a la cara hacia efectivos placajes contra aquellos que afirmen con sonrisa gozosa que el rugby ha de convertirse en deporte de masas.

Las cosas claras y el chocolate espeso (y si es con porras mejor). ¿No subyace bajo todo eso un goloso proyecto en el que nuestro deporte se convierta en un mero producto ante un sector de mercado con una potencialidad bestial? ¿No se trata de nuevo de un ataque serio a la línea de flotación de la esencia del oval? ¿No es una prueba más de que quienes dirigen torpemente desde lo alto dan por hecho que la tiranía del mercado justifica que convirtamos este deporte en algo que no lo reconozca ni el propio Ellis que lo gestó y lo parió? ¿No piensan ustedes que los valores ovales quedarán reducidos a contratos televisivos y merchandising? ¡Pues claro! ¿Se imaginan ustedes hablando de la bola con forma de oliva en vez del melón? ¡Qué horror!

Un proyecto serio en el rugby no consiste en copiar y fabricar en serie todos aquellos elementos que son necesarios. Todo lo que entraña no se puede replicar simplemente sacando el molde y poniéndolo a funcionar en turnos sin descanso. Es algo mucho más serio, que además de dinero, requiere de emprendedores sensatos, conscientes, apasionados y realmente enamorados del rugby. Que tengan la integridad suficiente para no venderse ante el mejor postor ni ante cualquier impostor vendedor de crecepelo. Permítanme que insista. Comienzan a ser muchos los detalles, a pequeña y gran escala, que nos hacen parecernos cada vez más a otras disciplinas y que hacen que se vaya escapando, poco a poco, aquello que hace que nuestro deporte sea el deporte rey.

A la herejía de la melé le siguió la confabulación mandarina. Se rumorea que el tercer tsunami pudiera ser meterle mano al placaje. Sea cual sea, sin que me tiemble el pulso, por mi parte habrá ensayo de castigo.

  • Silencio, pequeño saltamontes.
  • ¿Qué es el silencio?
  • Cuando hayas visto muchas patadas a palos lo entenderás.

 

EL CID OVALADOR.