El esfuerzo en el rugby

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fuente: Gerry Graham

¡Cuánto daño hizo y sigue haciendo el anuncio de MasterCard! ¡Cuánto estancamiento físico y mental nos ha traído la revolución tecnológica! ¡Cuánta pobreza repartirá un año más la lotería de navidad que anestesia a la sociedad con sus sensibleros anuncios!

            Porque nos han hecho pensar que la felicidad cabe en una tarjeta de crédito. Porque parece que la vida solo es maravillosa engullido por el sofá mientras trasteas con ratones y pantallas táctiles. Porque seguiremos pensando que solo hay que luchar por tener el número premiado.

            ¿Tiene entonces sentido un deporte en el que tienes que jugar hacia atrás, en el que la recompensa por recuperar el oval en ocasiones es bregarte con ocho contrincantes para no perderlo y en el que el barro no es motivo de suspensión?

            Pues claro que sí. Digámoslo alto y claro. Saquemos pecho y presumamos. Que aún quedamos unos pocos, cada vez más, que saborean mejor las cosas cuando cuestan. Que no quieren coger el camino fácil porque muchas veces no es justo y por supuesto no es el más gratificante. Porque queremos que nuestros hijos sepan que el esfuerzo y el sacrificio no son negativos.

Sueño con un mundo en el que todos sudemos y sintamos cansancio.

Padres de familia: en estas fechas tan señaladas regalen balones ovales y entradas para el rugby. Se lo agradecerán.

–       Silencio, hay patada.

–       ¿Patata?

–       No, abuela, patada.

–       A palos, ¿verdad?

–       Sí abuela, a palos.

EL CID OVALADOR.