El deporte del respeto

Jonah Lomu rugbySILENCIO, A PALOS.

La convivencia entre personas, cada una de su padre y de su madre, puede alimentarse de muchas cosas (salvo lo que diga la OMS) y debe cimentarse en un valor fundamental: el respeto a las grandezas e imperfecciones de cada uno de los individuos que conforman nuestra sociedad.

¿Significa esto que todo vale? Por supuesto que no. Y para muestra un botón. El respeto es una pieza clave en el rugby. Ese deporte en el que muchos desconocedores no ven más que una maleducada sucesión de agarrones violentos.

Respeto al árbitro como gran conocedor del reglamento y maestro de ceremonias. Respeto al contrario como amante de la misma filosofía oval. Respeto al propio equipo cumpliendo la misión de cada uno en un extenuante esfuerzo. Respeto al entrenador como estudioso de esta disciplina y lugar del que nace el río de valores y riquezas que desemboca en cada partido.

Respeto a un público, especialmente el más joven, que acude en ferviente peregrinación cada jornada, para seguir alimentándose del maná y ver que la Esencia del deporte se hace realidad acotados por dos zonas de marca.

Sueño con un rugby en el que el respeto no muera de inanición y sea homenajeado en cada pasillo al equipo contrario.

Padres de familia: el respeto que empieza en casa hacia progenitores, hermanos y abuelos puede consolidarse en la lucha por poseer un balón ovalado.

–       Silencio, hay patada.

–       ¿De Rossi a Márquez?

–       No, a palos.

EL CID OVALADOR.