Canciones de rugby – Swing Low, Sweet Chariot

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De Mississippi a Twickenham, pasando por Oklahoma, o de cómo el góspel relegó a un segundo plano a la mismísima reina de Inglaterra.

Con el siguiente relato inauguramos una nueva sección, donde los movimientos del balón oval se mezclan con su entorno, donde a cada uno de los jugadores presentes en un terreno de juego se le unen uno, dos, cientos y miles de aficionados que se convierten en un protagonista más del encuentro a través de sus cánticos.

Para conocer más de nuestra primera protagonista, si sólo leyerais el principio de esta primera historia, lejos os quedaríais del mundo del rugby, porque lejos, muy lejos de los campos de rugby nació esta canción.

Para conocer sus inicios nos tenemos que desplazar en el tiempo y en el espacio a la América profunda de principios del siglo XIX, en el Estado de Mississippi. En la hacienda del terrateniente Brett Willis, trabajaban de sol a sol muchos esclavos negros, que hacían aflorar sus lamentos sobre las duras condiciones de su vida a través de canciones espirituales. De entre todos, llamaba la atención uno de los esclavos por su talento para la música, al que todos trataban de Tío, y al que el amo dio su propio apellido, apellido que evolucionó para que el primer protagonista de nuestra historia fuese conocido a partir de entonces como Uncle Wallace.

En los años 30 del siglo XIX, tan sólo una década después de que nuestro tatarabuelo Web Ellis cogiese una pelota con las manos y echase a correr, el Tío Wallace y sus compañeros fueron trasladados a Oklahoma. En este nuevo emplazamiento, Brett Willis permitía periódicamente que Wallace y su mujer trabajaran en la Spencer Academy, la escuela de la comunidad, y donde llamaron la atención de los estudiantes por las canciones que cantaban mientras limpiaban, las mismas que cantaban mientras trabajaban en los campos. Estas canciones fueron recogidas por los estudiantes, y por ello hoy conocemos su origen. De las canciones compuestas por Uncle Wallace han llegado a nuestros días como éxitos del góspel (del inglés Godspell: palabra de Dios) títulos como Steal Away to Jesus, The Angels Are Coming, y la verdadera protagonista de nuestra historia: Swing Low, Sweet Charriot.

Swing low, sweet chariot

Coming for to carry me home

I looked over Jordan and what did I see?

Coming for to carry me home

A band of angels coming after me

Coming for to carry me home

If you get there before I do

Coming for to carry me home

Tell all my friends I’m coming to

Coming for to carry me home

Balanceándose despacio, dulce carro

Viene para llevarme a casa

Miré hacia el Jordán y ¿qué es lo que vi?

Viene para llevarme a casa

Un grupo de ángeles viene tras de mí

Viene para llevarme a casa

Si llegas allí antes que yo

Viene para llevarme a casa

Di a todos mis amigos que estoy llegando

Viene para llevarme a casa

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Swing low, sweet chariot – Partitura
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Durante los años siguientes, la canción cobró protagonismo gracias al Underground Railroad (el Ferrocarril Subterráneo), organización clandestina que liberaba esclavos del sur y los conducía al norte hasta la abolición de la esclavitud en 1865. El nombre de la organización hacía referencia a los refugios o “estaciones” donde se acogía a los fugitivos y se les daba lo necesario para el camino hasta el siguiente refugio. Este camino lo hacían por ríos para no dejar pistas a los perros (este es el origen de otro de los famosos espirituales, el Wade in the Water) y por caminos poco transitados montados en carros, convirtiéndose así nuestra canción en un fiel relato de esta gesta y en todo un cántico de esperanza para los esclavos de las plantaciones.

Ya en el siglo XX, la canción se popularizó gracias a las diferentes grabaciones que se fueron realizando de ella, al principio vinculada a la música negra: grupos de góspel, jazz, soul… pero su fama fue creciendo y se convirtió en canción universal, cantada en multitud de versiones por artistas tan famosos y variopintos como BB King, Etta James, Louis Armstrong, Benny Goodman, Glenn Miller, Sonny Rollins, Joan Baez, Johnny Cash, Eric Clapton, Stevie Wonder, UB40, Dolly Parton, Elvis Presley o más recientemente Beyoncé.

Su llegada al mundo del rugby también es relativamente reciente. Hizo su aparición en el último partido del Torneo V Naciones de 1988, que enfrentaba a Inglaterra e Irlanda en Twickenham y donde el XV de la Rosa tenía la primera oportunidad de llevarse el torneo desde 1980.

Aquella tarde el partido no estaba saliendo como los aficionados esperaban. Al descanso, Irlanda ganaba por 0 a 3 y era muy superior en el juego, mientras que la línea inglesa se había mostrado hasta el momento totalmente inoperante. En ese momento en la grada se respiraba un pesimismo generalizado, sólo roto por los gritos de ánimo que un grupo de jóvenes estudiantes seguía enviando a sus jugadores desde uno de los laterales del campo.

Chris Oti rompe la defensa irlandesa para conseguir el primer ensayo de Inglaterra.

Chris Oti rompe la defensa irlandesa para conseguir el primer ensayo de Inglaterra.

La casualidad quiso que el equipo de rugby del colegio de estos jóvenes tuviese como himno la canción Swing Low Sweet Chariot, popular desde hacía décadas en los colegios ingleses, así que cada vez que algún jugador inglés pasaba a su lado cantaban su himno para animarlo. Y aunque estos cánticos no hicieron mucho efecto durante la primera parte, a principio de la segunda parte se destacaban ante el silencio del resto de la grada, y se hicieron más fuertes cuando pasados unos minutos el ala inglés Chris Oti consiguió posar el balón en la zona de ensayo irlandesa, muy cerca del banderín.

Tras este ensayo, Inglaterra comenzó a mejorar su juego y el propio Chris Oti realizó 2 ensayos más del total de 6 ensayos que aquella tarde logró su equipo, consiguiendo ganar el partido por 35 a 3. A cada ensayo convertido, el graderío se contagiaba del ánimo de los jóvenes estudiantes y poco a poco se iba uniendo a su cántico, hasta que con la finalización del partido todo Twickenham entonaba al unísono la canción. Swing Low Sweet Chariot llegó ese día a El Templo para quedarse para siempre en el corazón de los aficionados ingleses, y desde entonces rivaliza en cada partido del XV de la Rosa nada más y nada menos que con el oficial God Save the Queen.

Tras aquel partido, cada vez que el público se anima en un partido del XV de la Rosa, se puede escuchar un canto general, una melodía pausada y envolvente, que arropa a los jugadores y hace que no se sientan solos, recordándoles que un grupo de ángeles están detrás de ellos para llevarlos a casa.

Por todo lo que esta canción significa más allá del mundo del rugby, siempre la he considerado un verdadero Himno de Esperanza. Y aunque sea por una simple coincidencia, ayuda a mostrar que el rugby es un “lugar de destino” para cualquier “fugitivo”: el “Dulce Carro” del rugby –sus valores- son el mejor vehículo para recorrer con tino el largo camino de la vida.

Para finalizar, y como de sueños va el artículo, me permitirán la licencia de usar la voz del poeta Manuel María para cantarle a “mi carro” una vez más, esperando el siguiente momento en que venga para llevarme de vuelta a casa, ao meu fogar.

Salud, rugby y esperanza para todos