Apoyo

Apoyo. Parece una simple palabra pero encierra mucho. Apoyo. Solo repetirla una y otra vez te hace sentir mejor, te da seguridad, espanta tus miedos. Apoyo. Cuando aún retumba en el ambiente los tremendos datos sobre la soledad que se van dando en nuestro país. Cuando en otras sociedades, dis que más adelantadas o más felices han tenido que crear el Ministerio de la Soledad para enfrentar, cara a cara y con valentía, una de las nuevas pobrezas que está trayendo este mundo cada vez más egoísta.

Apoyo. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dijo Arquímedes. Ahora, superado el teorema y comprobada su efectividad, es el mundo el que pide un apoyo para poner punto y final a la soledad.

Estos pensamientos se agolpan en mi cabeza mientras observo el entrenamiento de mi hijo. Fría tarde de octubre. Categoría: linces. Los entrenadores, y a la vez educadores, trabajan con ellos el apoyo al compañero. Un apoyo que requiere en primera instancia seguir la realidad, lo que está sucediendo, cerca del otro. Un apoyo que requiere solidaridad con el compañero que ha sido placado y que corre el riesgo de perder el oval. Un apoyo que debe traducirse en valentía, esfuerzo y sacrificio por rescatar el melón, mirar hacia adelante, y buscar, sin excusas la zona de marca.

Fotografía de Eli Calbet

Hasta ahí todo correcto. El reto viene después. Y no es otro que conseguir que ese apoyo que los niños están ensayando en el escenario deportivo sean capaces de sembrarlo, cuidarlo y hacerlo madurar en la gran obra del día a día. En su cole, en su casa, con sus amigos, con su familia.

Apoyo. Cosas sencillas y pequeñas para construir personas sencillas pero con corazón grande.

Que Dios dé larga vida al rugby.

El Cid Ovalador