Aplausos en la grada

aplauso-rugbySILENCIO, A PALOS.

Si hay una afición deportiva que a día de hoy sea políticamente incorrecta esa es la del mundo del rugby. Si hay un público cuyo comportamiento se basa en una filosofía, en una sabiduría, esa es la del oval. Si hay un grupo humano que acude cada domingo a los campos con el único deseo de disfrutar del juego y de cumplir su compromiso como guardas protectores de una esencia que desde hace mucho tiempo alimenta cuerpos y almas, ese es el de los rugbiers.

De todas las curiosidades que las hinchadas del rugby despiertan en los neófitos, que son muchas, a mí me gusta destacar dos. Una de ellas, quizá la más importante, es la que da nombre a mi sección: el silencio sepulcral cuando cualquiera de los dos equipos va a patear a palos un golpe de castigo o la transformación de algún ensayo.

La otra es el aplauso. Ese gesto sencillo de coordinación manual, que en el caso del oval va también coordinado con el saber y la elegancia de este deporte. Son muchos los momentos que durante un partido el aplauso es sincero sinónimo de tributo y a algunos les resulta chocante.

  • Cuando se realiza un cambio, indistintamente de cualquier equipo. Es la forma de reconocerle la entrega y el esfuerzo hasta la extenuación.
  • En cada melé o touch ganada, en cada ensayo conseguido o en cada balón que pasa entre palos. Así se reconoce el éxito, el trabajo bien hecho que se gesta en cada entrenamiento.
  • En cada error que se comete. Sí, he dicho error, porque en el rugby no hay tiempo ni lugar para la recriminación. Ese espacio siempre lo ocupa la corrección fraterna, la comprensión y el deseo de superación
  • Cuando el árbitro, elemento indispensable de la fiesta, decreta que se ha cumplido el tiempo de tan noble lid. En ese momento el aplauso es para todos y cada uno de esos guerreros, de esos cides ovaladores que lo han dado todo sin perder nada. Por perder no pierden ni las formas.
  • Y por último, el aplauso que todos y cada uno de los jugadores de ambos equipos brindan con sinceridad a sus adversarios mientras recorren con la cabeza bien alta un pasillo lleno de respeto y reconocimiento. Contemplarlo vale más que mil palabras.

Todo esto es lo que hace, que saliendo del sopor y liberándome del escay que se pega a mi cuerpo en esta calurosa tarde, deje de teclear, me ponga de pie y tribute una cálida y sincera ovación a todos aquellos que oléis, fomentáis, respiráis y os alimentáis del oval.

            Sueño con un calendario de división de honor que dure al menos hasta finales de junio.

            Padres de familia: La educación de nuestros hijos tiene que tener exigencia y aplausos. Descanso y esfuerzo. Autoridad y respeto. Contenidos y naturaleza. El rugby nos ayuda, ¡estamos salvados!

  • Silencio en la sala.
  • ¿Que el burro va a hablar?
  • No, que se disuelven las cortes. A recoger y a casa.
  • Pues de deberes para la campaña, que todos los candidatos vean un partido diario de rugby.
  • ¿De ese deporte en el que se hace silencio cuando hay patada a palos?
  • Sí, ese. Así que aprended. Menos cotorras, menos demagogia y más silencio.

EL CID OVALADOR.